El Heraldo
Hernando Grisales revisa las cartas que recibió este año de los niños.
Barranquilla

Unos Papás Noel en plan de ‘rebusque’

Entre el tumulto de personas que van y vienen en el Centro de Barranquilla, buscando regalos de Navidad, otras que van de prisa buscando los ingredientes para preparar la cena familiar en la Nochebuena, aparece un Papá Noel que se aguanta los tropiezos de los compradores y el sol canicular que impacta sobre su rostro medio cubierto.

Se trata de Brayan Centeno, quien se disfraza de esta figura típica de diciembre y se ubica en un centro comercial sobre la esquina de la carrera 44 con Paseo Bolívar, con la intención de incentivar la compra de los transeúntes en los almacenes. Aunque, por su traje, llama más la atención de los niños que de los adultos.

Aunque la imagen original del Papá Noel a nivel mundial es la de un señor de tez blanca, de extensa barba blanca y una sobresaliente barriga, la representación del hombre de 29 años, con 1,82 metros de estatura, cumple con la descripción física anterior, menos con su abdomen, como consecuencia de su contextura delgada.

“Soy muy delgado, entonces debo poner relleno, una pechera que trae el disfraz, y a veces me cansa, pero tengo que soportarla, porque esa es la idea de representar a Papá Noel”, manifiesta Centeno, quien agrega que en ciertas ocasiones la pechera no funciona y debe rellenar con su maletín para aumentar el volumen de la barriga.

Y en comparación con la figura del Polo Norte, el Papá Noel de la carrera 44 lleva una paleta de tránsito en vez de la gran bolsa roja con los regalos solicitados a través de las cartas escritas por los niños alrededor del mundo. Este instrumento, con las leyendas ‘Pare’ y ‘Bodega mayorista’, lo utiliza para atraer a los clientes.

“A la gente le agrada mucho el disfraz de Papá Noel, entonces atrae a las personas para que suban hasta el segundo piso, donde se encuentran los almacenes”, explica el tecnólogo en Sistemas.

A pesar de que su profesión es distinta a la que ejerce en esta temporada, la falta de oportunidades laborales lo lleva a meterse en el papel de ‘Santa Claus’, incluso a meterse en ese disfraz sin importar factores como la humedad y el clima de aproximadamente 38°C.

“En un día me tomo hasta siete potes (botellas) de agua, porque el calor es insoportable aquí dentro”, dice mientras recibe sorpresivamente un abrazo de Sarieth Quiroz, una menor de cuatro años de edad, a lo que él se inclina para cargarla y tomarse una foto junto a ella.

En este sector trabaja desde las 9:00 a.m. hasta las 6:00 p.m. Esta es la segunda ocasión consecutiva que se disfraza de Papá Noel con la intención de impulsar las ventas poniéndose a tono con la Navidad, y obtener recursos económicos para aportar en su hogar. Pero esta no es su mayor recompensa, según comenta.

“La mejor recompensa que me queda es la satisfacción de los niños. Hay niños que corren hacia mí y vienen diciendo ‘¡Papá Noel, Papá Noel!’, y me abrazan. Y otros que sí son apáticos a la Navidad que me dicen ‘tú no eres Santa Claus, porque Santa Claus no usa tenis’ (risas)”, sostiene. 

Centeno no se cambia por nadie en estos días, recibe el cariño de los transeúntes y adquiere los recursos necesarios para pasar una Navidad feliz con su familia, hasta que esta termine y vuelva a su labor, instalando redes de internet.

Un Papá Noel misterioso. Su identificación es simplemente Papá Noel, no da a conocer su nombre de pila y menos de dónde viene. Por su acento de la Costa Caribe, es seguro que sus orígenes no son precisamente del Polo Norte, aunque se refugia en un disfraz de este personaje típico de Navidad, cuya representación “me hace feliz”.

Se localiza desde las 4:00 p.m. hasta las 6:00 p.m. en la carrera 43, entre calles 35 y 36, rodeado de niños que participan en la novena, la cual dirige. Asimismo, se sienta en su trono —un sillón rojo— rodeado de cajas envueltas con papel regalo y recibe a los infantes que deseen tomarse fotos con Santa.

“Prefiero no dar mi nombre y seguir siendo conocido con el disfraz de Papá Noel, cuya idea nació hace 20 años con la idea de impulsar las ventas en época de Navidad, cuando hacíamos caravanas en el Paseo Bolívar, hasta que (la Secretaría Distrital) Espacio Público las prohibió”, manifiesta.

De acuerdo con este Papá Noel de la carrera 43, lo que más ha cambiado en estas dos décadas de ‘rebusque’ con la imagen navideña es la creencia de los niños en la figura. “Esto impacta mucho en los niños y en adultos, con solo querer una fotografía. Aunque ya algunos niños dicen que ‘ya Papá Noel no existe, eso es mentira’. Tienen el conocimiento de que no es Papá Noel el que trae los regalos”, reconoce.

Sin embargo, no se rinde en seguir representando a Papá Noel en este sector del Centro de Barranquilla, pues “la tradición se renueva con la nueva generación”. Y, por el contrario, confecciona su propio disfraz.

“El terciopelo es el material principal, a partir de este material lo diseño y este es el resultado”, explica mientras señala su vestimenta reluciente.

Al igual que Centeno, este Papá Noel recibe ingresos económicos por esta labor comercial, pero queda satisfecho con la aceptación de los más pequeños.

Mamá Noel llegó en burro a Monguí

A lo largo y ancho del mundo se celebra la Navidad, época en la que predominan las imágenes alusivas a esta celebración en los almacenes, casas, vías y medios de comunicación.

La mayoría de estas imágenes que representan esta fiesta mundial están relacionadas con la nieve, pesebres, velas, ángeles, muñecos de nieve, luces y uno que no puede faltar, que es el trineo en el que Papá Noel se moviliza por todos los países para repartir los regalos de los niños.

A pesar de que estas estampas son características de los países nórdicos: Noruega, Suecia, Dinamarca, Finlandia e Islandia, en Colombia también se usan, dejando de lado lo que nos representa.

Por este motivo, la citóloga guajira Adalis Mariela Acosta Medina quiso regresar a su pueblo natal Monguí, ubicado en área rural de Riohacha, de la misma manera en que jugaba cuando era una niña y en el lomo de un animal característico de la región y no de esos países tan lejanos de nuestras tierras.

Un burro, que le prestó una joven wayuu que lo usa para vender leña, fue su medio de transporte para llevar los regalos que alegraron los corazones de unos 40 niños de esta pequeña población, famosa porque allí se hacen y venden los mejores dulces de toda La Guajira.

Su llegada causó gran revuelo en el pueblo, donde niños y grandes salieron de sus casas para ver a la mamá Noel montada en el burro recorriendo cada una de las callecitas de Monguí, antes de entregar los aguinaldos.

Llegó desde Canadá, donde vive seis meses al año con su hija y sus nietas, con el propósito de visitar a su familia y gozarse la estadía en Monguí, como no lo hizo durante su época de estudiante.

“A mí me llevaron de siete años para un internado en Uribia y luego para otro en Santa Marta, luego seguí mi carrera en Medellín y trabajé muchos años en Cartagena, por lo que solo venía en época de vacaciones”, explicó Adalis.

Sin embargo, recuerda cómo fueron esos primeros años de su vida, en los que jugaba sin ninguna precaución y se iba de paseo en un burrito a la finca de uno de sus tíos.

“En esa época no había carros ni motos y disfrutábamos mucho montarnos en burro, por eso quise recrear eso de nuevo y gozar como cuando era niña”, indicó.

Explicó que además el burro para ella significa humildad y representa a la virgen María, quien se montó en uno para ir a Belén a llevar a Jesús.

Los niños beneficiados con la donación de Adalis Mariela Acosta son de la etnia wayúu y recibieron ropa, zapatos y una gran cena de Navidad a la que asistieron unos 150 menores.

También disfrutaron de una piñata, recordando aquellas fiestas infantiles que Adalis disfrutó en su pueblo.

“Me sentí muy alegre al ver las sonrisas en los rostros de esos niños y quise traerles ropa porque es más útil que darles un regalo caro, si llegan con el pie descalzo o con la ropita dañada”, manifestó.

Igualmente le causó mucha nostalgia llegar a Monguí y ver que hay muchas cosas por hacer, pero darse cuenta que hay otras que en Canadá no puede disfrutar, como sentarse en la puerta para saludar a todo el que pase, conversar con los amigos, el calor humano y deleitarse con los ricos platos que preparan las monguieras.

“Cuando estoy fuera añoro mi pueblo y le doy valor a todo esto que no veo allá, donde escasamente te dan los buenos días cuando sales a la puerta”, indicó.

Adalis Mariela Acosta afirma que luego de terminar su carrera universitaria trabajó algún tiempo en el hospital Nuestra Señora de los Remedios de Riohacha, donde llegó el 20 enero de 1976 hasta el 20 julio de 1981.

“Fui la primera citóloga en llegar aquí, donde aún no se hacía este examen y me tocó socializarlo con la comunidad médica y los pacientes”, explicó.

Ahora ya retirada, espera seguir viniendo a Monguí cada año para brindarle un poco de alegría a los niños de los territorios vulnerables, aunque lo que no sabe es si lo seguirá haciendo en un burro.

Las cartas al Papá Noel santanero 

En su casa del barrio Galicia, en el norte de Santa Marta, Hernando Grisales, el Papa Noel colombiano, lee con detenimiento las cartas que los niños del Caribe le han entregado y con cada lectura reafirma que la comunicación que ellos tienen con su ídolo “es perfecta”.

Este magdalenense, de 59 años y oriundo de Santa Ana, se emociona con los escritos, todos cargados de espiritualidad y marcados por la inocencia de la edad.

Sobre la mesa central de su casa están las coloridas cartas, algunas adornadas con escarchas y con dibujos que simbolizan la Navidad, pero todas con  mensajes de agradecimiento a Dios. En ellas, los niños reflejan el amor a la familia y refrendan valores como la solidaridad, el respeto y la obediencia.

“Te doy gracias por mi hermosa familia, protégelas siempre Señor; cuida mucho a los niños del mundo. Hoy te pido que me cuides siempre y que nada malo me pase”, escribió Matías, de 7 años, quien le pidió que le regalara una moto roja y un carro de Policía.

Santiago, de 6 años, también le dio gracias por su familia y por sus amigos. “Soy un niño muy alegre, divertido e inteligente. Te pido una pista de carros que alumbre y una guitarra”, anotó.

Juan Ignacio, de 9 años, le hizo saber a Papá Noel: “Soy obediente, juicioso y comparto mis juguetes”. “Te pido mucha salud para mi familia y prosperidad para todo el mundo. Regálame un bus gigante, un tren de madera y carritos”.

David, de 5 años escribió: “Te pido mucha paz, amor y un avión”. Benjamín, de 6 anotó: “Quiero estos lindos juguetes, muñeco de mano, dinosaurio grande y un balón”.

Hernando Grisales, o Papá Noel, recordó que en una ocasión quedó sorprendido por el mensaje que un niño le dio: “Gracias por no sentir más disparos en la noche”.

Recuerda, también, a una niña de 7 años, que en una conversación le dijo que era feliz, aunque a veces dudaba. Cuando él le preguntó “¿por qué la duda?”, ella respondió: “Porque veo a mi hermanito metido en el computador y creo que eso no lo hace feliz y entonces yo tampoco lo soy”.

El Papa Noel costeño confiesa que en su encuentro con los niños, estos le han hecho una pregunta que es recurrente. “¿Y por donde entras si aquí en la Costa no hay chimeneas?” .

“Les digo que por donde se entra no es lo importante, porque siempre habrá un espacio para dejar el regalo. Aquí no tenemos chimeneas, pero siempre habrá una manera de llegar al rincón de la casa donde está el niño”, anotó.

Nando, como con cariño le llaman, sostiene que su labor como Papa Noel es de una gran responsabilidad y que por tanto debe prepararse aunque tenga 45 años representando a este hombre corpulento, de barba y cabellos blancos que enamora a los niños.

Sostiene que hace 45 años la imagen de Papá Noel estaba muy desdibujada, pues estos no hacían la labor encomendada, ya que solo se colocaban un vestido rojo, bailaban y bebían.

“No proyectaban la verdadera imagen de Papá Noel que llegó a convertirse en el patrono de los niños; de hecho es el icono comercial más grande que existe en el mundo”, comentó.

Indicó que la labor de un Papá Noel es mucho más importante en el campo espiritual. “Es educar divirtiendo y es el niño aprender jugando”, dijo.

La preocupación de este Papá Noel colombiano es que se ponga en manos de un disfrazado “lo más valioso que tenemos en nuestra sociedad, los niños”.

Hernando Grisales nació en Santa Ana, Magdalena, tiene 56 años, mide 1.90 y realmente su parecido con Papa Noel es indiscutible. Su gran barba blanca es tan real como su cabellera. Estudió en Mompox, Bolívar, en donde aprendió las primeras cien lecciones de historia sagrada. Recuerda que empezó a ser Papá Noel hace 45 años con un vestido que le mandaron de Estados Unidos.

“En una novena de doña Juanita Miranda de Sarco, en el barrio Boston de Barranquilla, ahí aprendí muchas cosas. En medio de maracas, panderetas y villancicos ella nos transmitió la responsabilidad, el respeto y la importancia de la familia. Nos hablaba de Jesús y la obediencia”, indicó.

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