El Heraldo
La casa fue donada a la fundación Museo Cultural de Barranquilla por las hermanas alemanas Carmen y Ester Freund Strunz.
Barranquilla

La historia a oscuras del Museo Romántico

Perdido en medio del bulevar del Prado, esta joya cultural de Barranquilla aún sobrevive, a pesar de las deudas y el olvido de una ciudad entera.

Por Salomón Asmar Soto
Twitter: @heybarro

La penumbra del museo más emblemático de Barranquilla no tiene nada de romántica. Los pocos rayos de luz que se filtran por las delgadas aberturas de las ventanas reposan sobre los viejos muebles cubiertos en el polvo del recuerdo. 

La oscuridad del olvido y del abandono invadió hace mucho las habitaciones de esta joya arquitectónica que reposa moribunda junto a una ciudad que no la llora. 

El Museo Romántico se está muriendo. Sobre el bulevar de El Prado yacen las ruinas de una Barranquilla que se pierde entre las ansias intensas de mirar hacia el futuro. Las rejas oxidadas y la desgastada fachada son apenas síntomas de un museo que se quedó solo cargando un peso histórico, el de una ciudad entera. 

Su doliente, Alfredo de la Espriella Zabaraín, la mente prodigiosa que dedicó su vida a intentar capturar la tradición barranquillera en una casa que le fue donada, hoy deambula entre los delirios del pasado y de un presente que le arrebató lo que más amaba, su Museo Romántico.

En el corazón del barrio El Prado, sede de anécdotas que datan de los años dorados de La Arenosa, agonizan los recuerdos de una Barranquilla elegante, imponente y fiel a sus raíces. Con apenas 35 años de vida, el Museo Romántico languidece a pesar de su juventud. Barranquilla, la Puerta de Oro de Colombia, le dio la espalda a su bien más preciado: la cultura.

Sentado en una mecedora de mimbre blanco, como si de una Barranquilla de otra época se tratase, espera paciente Jaime Roberto Donado. La brisa fresca decembrina lo acompaña en el suave compás del mecer de su asiento. Sobre sus hombros recae una responsabilidad titánica, una tarea que heredó a sus más de 60 años: la de resucitar a un muerto y regresarlo a sus años dorados. 

“Lo importante es que existe el museo; que todavía vive. Es un legado que Alfredo le está dejando a todos los barranquilleros y que hay que sostenerlo e impulsarlo para que las personas de esta ciudad conozcan de dónde vienen y para dónde van”, contó Jaime Roberto Donado, frente a las puertas del Museo Romántico, abiertas en muy contadas ocasiones.

La vida de este centro cultural depende de la convicción de este hombre, el presidente de la Fundación Museo Cultural de Barranquilla, sucesor del legado de Alfredo de la Espriella. A su lado, la junta directiva conformada por Fernando González y Fernando Cortizzos deberá rendirle tributo a una ciudad entera. 

“Hay muchas cosas con un valor enorme dentro de este museo, pero va a tomar tiempo abrir las puertas nuevamente al público. Tenemos que hacer un recuento de todo lo que hay que reparar y modificar para iniciar las labores de recuperación”, aseguró.

Fotografía tomada en 2016. Alfredo de la Espriella Zabaraín estaba en la que era su oficina.

206 años de historia currambera reposan en los salones de un edificio que tendrá que brillar una vez más. Décadas enteras de historia permanecen a oscuras detrás de aquellos portones de madera a la espera de una resurrección milagrosa. “Hay muchas costumbres, hitos que Barranquilla tiene, además del Carnaval, que queremos resaltar en el museo. Nuestra misión principal, en este momento, es ordenar la situación. Tenemos que buscar recursos y todo el apoyo que podamos conseguir para ponerlo en funcionamiento”, afirmó Donado.

El tema de los fondos “depende también del Distrito”, según contó el presidente de la fundación. A pesar de ser un ente privado, “hay formas en las que nos pueden ayudar”, expresó. Para Donado, el Museo Romántico debe estar en los planes de la Administración local. “Si se habla de educación y cultura en Barranquilla nosotros tenemos que estar ahí vinculados”, argumentó.

Hubo una época, luego de su fundación el 7 de abril de 1983, en la que los barranquilleros visitaban constantemente su Museo Romántico. Estudiantes, adultos y ancianos cruzaban el portal de entrada para adentrarse en un mágico viaje al pasado. Recuerdos, que aunque lejanos, llenaban de gallardía el corazón orgulloso de una ciudad para enfrentar el presente y mejorar el futuro. 

“Fue una época muy bella en la que vivimos momentos muy especiales. Nos daba mucha satisfacción poder contarles todas las historias a los niños y a todos los visitantes del museo. Ver las sonrisas y la emoción de la gente era algo único y nos dio mucha felicidad”, recordó, nostálgico, Jaime Donado.

El futuro, incierto, representa un reto magno para la Fundación Museo Cultural de Barranquilla. El legado de Alfredo de la Espriella pende de un hilo muy fino, que necesita de toda la ayuda posible. Enamorar una vez más a los barranquilleros será el objetivo de un museo que, con su romanticismo, quiere seducir a las nuevas generaciones. 

“Quiero invitar a todos los jóvenes a que, cuando abramos nuevamente las puertas, vengan a conocer este museo y sus tradiciones; que los barranquilleros sepan por qué están donde están, que es lo más importante”, contó Donado, emocionado, quizás visualizando un futuro brillante para un centro cultural que se pierde en la penumbra.

Tesoro en peligro

Jaime Colpas ha dicho que el Museo Romántico “es el galeón San José de Barranquilla” y está “en peligro de perderse”. El profesor ha señalado que esto se debía a factores como la mala conservación de los elementos, el abandono de las administraciones locales. Aseguró que en los dos pisos del recinto reposa “el más grande tesoro histórico republicano, con elementos de la historia local, regional, nacional e internacional”.

Por ejemplo, recordó que en el museo está la espada con la que tomó juramento el general Diego A. De Castro Palacio como ministro de Guerra del Presidente de la República y como el primer gobernador del departamento del Atlántico en 1905. Y junto al arma reposa, según Colpas, el escritorio del gobernador dictador del Atlántico Eparquio González. Allí reposan los disfraces de las dos primeras reinas que tuvo el Carnaval de Barranquilla (Alicia Lafourie Roncallo y Toña Vengoechea).

El historiador Helkin Núñez sostiene que el museo “es lo único que la ciudad tiene para mostrar, ahí está la historia de Barranquilla y el Atlántico”.

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