La bonanza del borojó

Vendedores, clientes y curiosos dicen que esta fruto popular del Pacífico es “el boom” del momento y le atribuyen propiedades energéticas y afrodisíacas.

Mery Granados
Eliécer Martínez, comerciante de pulpa de borojó, exhibe uno de sus productos más populares del año. Mery Granados
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Vendedores, clientes y curiosos dicen que esta fruto popular del Pacífico es “el boom” del momento y le atribuyen propiedades energéticas y afrodisíacas.

Al son de las cuñas reproducidas en los altavoces, tres jóvenes caminan campantes detrás de un furgón blanco que se mueve a poca velocidad. La voz gruesa que sale expedida de los parlantes promociona un producto novedoso, casi que revolucionario, que, supuestamente, le da solución a una decena de problemas de salud.

“A solo mil pesitos, lleve su jugo helado de borojó. Lleno de vitaminas”, reza la pauta, repetida un millar de veces alrededor de las abarrotadas calles del centro de Barranquilla.

Cautivados por la música, las modelos y en búsqueda de una rápida solución a la sed, transeúntes, taxistas y curiosos intercambian sus billetes arrugados por la bebida milagrosa, servida en jarras de plástico y preparada en una licuadora. Detrás del misticismo y las suposiciones, un hombre prepara enérgico las decenas de dosis que vende casi que por minuto. Sentado en la parte trasera del vehículo, vierte los ingredientes dentro de un recipiente morado, del que ha vivido en los últimos meses.

 

El jugo de borojó tiene un sabor dulzón, casi como una malteada. Su textura es espesa y por sus ingredientes, que van desde la nuez moscada al vino, es de un tono grisáceo, con pequeñas pepas negras que le dan el toque final. En Barranquilla es la sensación, o esto es lo que cuentan sus vendedores, esparcidos cada vez más por el centro y el sur de la ciudad.

“El borojó es el boom del momento”, reconoció Edwin Mieles, propietario y coctelero de uno de estos furgones. “Hemos logrado impactar bastante con ‘el borojazo, pa’ que refresque el hígado y el vaso’. Todo lo que dicen de esta fruta es cierto, mira que yo he investigado y a nivel internacional la están usando mucho para combatir la desnutrición”, señaló.

El borojó es una fruta mítica, añorada por los impotentes y por los insaciables. Sus adeptos, cada vez más frecuentes, consumen uno o dos vasos por día,por gusto o por los supuestos beneficios que tiene.

Es por este apogeo que  Krishna Rodríguez, dueño de una comercializadora de Borojó en el Valle del Cauca, reportó que las ventas de la fruta han aumentado en un 5% en el último año.

Según indicó el empresario, sus ventas al año pueden reportar ganancias por más de $800 millones, tras cerca de 100 toneladas de pulpa de borojó vendidas en diferentes puntos del país.

Con la promesa de que mejora la salud —y hasta el rendimiento sexual— el borojó es ahora el jugo de moda en la capital del Atlántico. Su sabor seductor y sus supuestas características afrodisíacas lo han convertido en una de las bebidas más apetecidas por los barranquilleros de a pie, que se rinden diariamente ante sus encantos.

“La fruta me la trae un señor directamente del Valle del Cauca, donde me dice que hay muchos cultivos de borojó. Otros ya han empezado a sembrar en Córdoba, pero siempre me han contado que el mejor se consigue por allá en el Pacífico, por eso lo pido de allá”, contó Mieles.

Un negocio dulce. Desde un pequeño asiento en su furgoneta, Edwin Mieles prepara cerca de 1.000 vasos de jugo de borojó al día. Su negocio, uno de los muchos que ya invadieron el Centro, se mueve por las calles de Barranquilla captando la atención de todos los que pasan. ‘El Borojazo’ se mueve no solo como una maquina de sabor, sino también de cosechar billetes.

Todos los días sale temprano, irrumpiendo en el silencio madrugador de las callejuelas del Centro. Como él, otros vehículos también se movilizan desde las seis de la mañana, refrescando a los más madrugadores que transitan por las cercanías del Paseo Bolívar. Con reguetón y champeta a todo volumen, los furgones se vuelven el centro de atención de la vida mañanera de Barranquilla, prometiendo con un sorbo la vida eterna.

“Hay bastantes carros de borojó, ya Barranquilla está sobrepoblada”, se quejó Juan Gabriel Daza, propietario de otro furgón blanco. “Hace unos meses era más fácil, uno vendía más, pero es que ahora hay mucha competencia y se ha complicado la cosa”, confesó.

Sus mismos vendedores, comerciantes de la fruta del momento, testifican sobre su popularidad, extendida entre los barranquilleros de a pie. Incluso los conductores seducidos, detrás del volante, se hacen a un lado para comprarse un vasito del jugo. “Yo vendo como 300 vasos al día, pero antes eran más. Este negocio sigue siendo bueno, pero hace unos meses era una locura”, dijo Daza.

Bomba de sabor. La preparación del jugo es como la de un cóctel, casi como esas malteadas que venden en las heladerías más famosas de Barranquilla. A la licuadora entra una bomba de sabor, compuesta de miel de abeja, nuez moscada, kola granulada, vino sansón, pulpa de borojó y leche. Unos 40 segundos bastan para que el líquido grisáceo se vierta en las jarras plásticas, para luego ser consumidos en vasos de unas 14 onzas.

“Para la salud y para la mente el borojó es muy bueno. Al día compro varios kilos, como a 12.000 pesos cada uno. Si me va bien vendo como 100 vasos, en los seis o siete meses que llevo en esto me ha gustado, la gente es feliz con su jugo”, contó Gerardo Rodríguez, propietario de un puesto de jugos.

Esta combinación, potencializada por el sabor predominante del borojó, es vendida como la salvación hecha jugo, como la última bebida del desierto. Sus supuestos beneficios, que van desde aumentar la energía hasta mejorar el rendimiento sexual y la libido, son vociferados por los locutores, cuyas voces salen despedidas de los parlantes.

“¿Para qué sirve el borojó?”, se preguntó risueña Daisy Solano. “Fácil, le da energía a los hombres allá abajo. ¿A mí?, a mí me pone contenta, enérgica, lista para cualquier cosa”, dijo, con una carcajada fresca, al tiempo que compraba la fruta en uno de los puestos del Centro de Barranquilla.

A su alrededor, casi una decena de personas también soltó una risotada, acompañada de un gesto de aceptación. Para ellos, compradores de borojó, la fruta no solo es buena por su sabor, sino también por los beneficios que ellos aseguran que tiene. Entre los que se encuentra —con gran éxito— el componente sexual.

“Me tomo entre ocho y diez vasos al día, es delicioso”, confesó. “Siempre que puedo me tomo un vasito porque ajá... pueda que sea cierto eso que dicen y yo sí me siento más activa cuando me lo tomo”, concluyó Daisy Solano.

 

Popularidad. Para los comerciantes el borojó también ha sido un éxito, pues ahora exhiben su pulpa con emoción desde la parte más alta de sus pequeños puestos de madera. En los últimos meses, según contaron, han vendido el doble —hasta el triple— de lo que antes comerciaban. “Es un éxito”, aseguraron varios de ellos.

El producto, envuelto en papel y protegido por mallas, es ahora uno de los más populares del Centro.

“La gente viene por acá y nos compra el borojó directamente, seguramente porque les ha gustado lo que prueban en los carritos que lo venden. Con una sola fruta se pueden hacer hasta dos jarras, por lo que le sale más barato a la gente que disfruta tomarlo”, dijo Katia Martínez, comerciante de frutas.

Junto a su padre, Eliécer Martínez, venden varios kilos de borojó al día, en lo que han considerado un “hit”. A su puesto de frutas se acercan al día varios clientes preguntando por la milagrosa fruta. “Yo nunca he probado si en verdad funciona para todo lo que dicen”, dijo Eliécer, risueño. “Pero varios amigos sí me han dicho que sirve, vamos a ver si algún día me animo”, contó el vendedor.

Como todas las mañanas, la gente se acercaba al puesto de los Martínez a preguntar por las diferentes frutas exhibidas, aunque varios curiosos indagaron sobre el borojó. Quizás por sus supuestas bendiciones amatorias, o por sus prometidas ventajas para la salud, los clientes cada vez se interesan más en esta fruta, que es vendida en pulpas en diferentes puntos de Barranquilla.

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