Barranquilla

En video | La predicción que “frenó” conflicto de pandillas en Las Américas

Integrantes de los grupos ‘los Pepes’, ‘los 3D’ y ‘los Petardos’ hicieron la entrega de sus armas para formar parte del programa ‘Vuelve y Juega’.

Yonalbis Díaz Quiroz dice que su vida cambió el pasado 12 de agosto cuando la Policía halló el cuerpo sin vida de uno de sus amigos flotando en el arroyo del barrio Los Ángeles etapa II. La muerte, al parecer, había sido presagiada por un pastor en medio de una prédica una semana antes.

El joven de 18 años está sentado en un muro. Su rostro no se le ve, pues lleva puestas gafas azules y un tapaboca que cubre más de la mitad de su delgada cara. Habla con la cabeza inclinada hacia el suelo, pero todo eso parece ser una coraza que, si bien impide identificarlo a plenitud, no pone barreras a su verbo que denota claridad y madurez.

 “Hay situaciones que la vida te pone enfrente para recapacitar y cambiar”, dice el joven que lleva una camisa blanca que tiene estampada la foto de la cara de un amigo al que asesinaron en febrero de 2018.

“Este es Harold, lo mataron en medio de una pelea. Alguien le dio un disparo en la garganta hace dos años, pero hoy llevamos el  duelo de un compañero que murió hace un mes”, señala Yonalbis refiriéndose a Kleiner Morales Mercado, el joven de 20 años que fue hallado en el arroyo.

Describe que el pasado 11 de agosto estaba lloviendo y se armó una pelea entre las bandas ‘Los Pepes’ y ‘Los Chicos Gorras’, esta última de la que él y su amigo hacían parte.

“Ese día peleábamos por bobadas, como siempre, por cualquier pendejada y sin ninguna razón. Kleiner tenía un cuchillo y la Policía lo persiguió y decidió lanzarse al arroyo y murió. Esa muerte la había sentenciado el pastor Sigifredo Sanjuán, de la iglesia ‘La luz verdadera’, él nos había dicho unos días antes que dejáramos la pelea porque no quería, en los próximos días, ir a un funeral de uno de nosotros. Cuando eso ocurrió supimos que él nos había dado un mensaje”, cuenta Yonalbis.

La prédica, dice el joven, fue lo que lo motivo a él y a otros 49 jóvenes integrantes de las pandillas ‘los Pepes’, ‘los 3D’ y ‘los Petardos’, de los barrios Las Américas y La Sierrita a entregar sus armas, a finales de agosto pasado, como un acto de paz y reconciliación. “Algún día había que ponerle fin a esto. Yo aspiro a ser enfermero y a ganarme las cosas de la forma correcta”, dice.

Desde el otro lado de la calle, Edwin Hernández Aragón mira a Yonalbis. Es un joven de 19 años, alto y de figura atlética.  Dice que es de Marialabaja, Bolívar, pero a los pocos meses de su nacimiento su familia salió desplazada y se asentó en el barrio Las Américas.

“Yo practiqué salto, pero sufrí una lesión en el pie y las dificultades en la casa, con los pasajes, los uniformes y todo eso hizo que desistiera de mi sueño de ser un deportista”, manifiesta Edwin.

El joven señala que “espera una palanca” que lo ayude a estudiar. “Me veo dentro de unos tres años con la vida recuperada, quizás haciendo deportes y poniendo en práctica lo que una vez aprendí de jardinería. No sé, espero que Dios me ayude con todo esto”.

Un proceso

Esa oportunidad de la que habla Edwin parece estar llegando a su vida y a la de sus otros compañeros, aunque dice que no estará seguro del resultado hasta que no vea que lo que le ofrecen se materialice “de verdad”.

“Yo no dejo de creer en las promesas y esta nueva oportunidad la voy a tomar”, dice Edwin, al referirse al programa ‘Vuelve y Juega’ con el que la Alcaldía de Barranquilla,  a través de la Oficina para la Seguridad y Convivencia Ciudadana del Distrito, busca solucionar el conflicto juvenil que se registra en varios barrios de la ciudad.

El día de la entrega de las armas los jóvenes también decidieron firmar un pacto de no agresión y acogerse al acompañamiento psicosocial que los ayudará a restablecer las relaciones comunitarias y a aprender técnicas para a la resolución de conflictos.

Diego, uno de los jóvenes, señala que el entregar las armas le permitió, luego de 6 años, movilizarse de un barrio a otro. “Este acercamiento nos liberó, ahora puedo visitar amigos y a familiares que están en la otra parte del barrio. Yo dejé de estudiar porque el colegio quedaba en una zona donde no podía entrar, si me veían allá me mataban”.

El programa, a medida que avanza, les permitirá a los jóvenes hacer un uso productivo del tiempo libre con la ayuda de un equipo de sicólogos, sociólogos y trabajadores sociales, quienes identificaran las ideas de emprendimiento que puedan tener los jóvenes para ponerlas en práctica en un futuro.

Nelson Patrón Pérez, jefe de la Oficina para la Seguridad y Convivencia Ciudadana, destaca que lo más importante del programa es lograr que los jóvenes asuman un compromiso de querer “una nueva vida para ellos, sus familias y sus entornos”.

“Este conflicto acá en Las Américas y La Sierrita tenía más de 12 años. Acá los vecinos no podían disfrutar de la lluvia por el temor de ser heridos. Este es un inicio para ponerle fin a esa problemática”, señala Patrón.

El funcionario destacó que el programa cuenta con la garantía de un  equipo “que está dándolo todo” por ayudar a  los jóvenes.

“Esto lo vamos a trabajar de manera articulada con el fin de poder cubrir sus necesidades. Hay quienes no tienen cédula de ciudadanía y trabajaremos con la Registraduría, con el Sena estamos articulando varios cursos para poder ofrecerlos a los jóvenes. La idea es que este programa quede implementado como una política pública”, explica Patrón.

“De momento, tranquilidad”
Josefina Villarreal

 Carmen Herrera, vecina del barrio Las Américas, señala que la iniciativa de ver que los jóvenes de su sector abandonan el conflicto le da tranquilidad, pues cada vez que llovía, según ella, daba “más miedo que alegría”.

“Yo recuerdo que antes, cuando uno estaba pequeño cuando llovía uno salía a bañarse y a jugar, esa una felicidad indescriptible, creo que mis hijos no saben lo que es hacer eso acá en el frente de su casa. Esta oportunidad no solo beneficia a unos jóvenes, sino a toda una comunidad”.

La mujer de 40 años dice que perdió la cuenta de cuántas veces tuvo que cambiar una lámina del techo de su casa o el vidrio de una ventana. “El aguacero traía consigo una lluvia de piedras y hasta disparos. De momento siento una tranquilidad debido  a que en los últimos días que ha llovido no se ha registrado ninguna pelea”.

La Oficina espera en las próximas semanas replicar este programa en sectores como El Bosque, Las Gardenias y varias zonas del suroriente de la ciudad.

“Muchos jóvenes viven rodeados de identidades negativas”
Josefina Villarreal

Para el sociólogo y docente Jair Vega Casanova, el tema de los conflictos juveniles ha sido motivo de estudios desde hace años y tiene su origen en “la ausencia del Estado” en ciertos contextos que lleva a los jóvenes a crear una “institucionalidad  alternativa” a la legal.

“Cuando no hay suficiente acceso a la educación, al empleo  y otras oportunidades, las personas se organizan y crean formas alternativas para poder obtener cosas que no pueden por las vías tradicionales. Un joven que tiene acceso  a la educación tiene reconocimiento porque le preguntan usted qué es y él responde estudiante universitario, lo cual le da una identidad profesional, y la capacidad de aportar a la sociedad”, señala el sociólogo, y describe que muchas veces estos jóvenes viven rodeados de “formas de identidad negativas”, lo que los lleva a organizarse en una pandilla   y a aprender habilidades propias de esa dinámica.

Aprenden a pelear, a usar el cuchillo, a atracar y eso les ayuda a conseguir un dinero. Eso les permite gozar de una identidad o un nombre en su comunidad que afianza el respeto y el reconocimiento”, explica el docente. Dice Vega que los programas sociales a implementar “deben ser tomados en serio”. “Esas alternativas deben brindarles opciones para aprender habilidades que les permitan obtener recursos e ingresos. Los jóvenes deben sentirse útiles para la sociedad. Todo eso debe ser pensado”, comenta.

Sin embargo, destaca que es más fácil generar políticas preventivas para jóvenes que están creciendo. “Ese enfoque debería ser estructural. Las políticas de juventud se piensan muchas veces desde la seguridad ciudadana y no como un tema de desarrollo, de personas que requieren inversión.  Esto no nos debe importar cuando ya son pandilleros” expone el sociólogo.

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