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Barranquilla

En video | Déficit del TPC llega a los $125 mil millones: transportadores

Directivos dicen que los ingresos se han reducido en un 70%. Pasajeros afirman que se sienten seguros.

La nueva realidad de la humanidad impuesta por la pandemia de la Covid-19 ha obligado a adoptar medidas para poder preservar la salud de los ciudadanos en medio de la reactivación económica de la ciudad; sin embargo, algunos sectores –como el transporte público colectivo– sigue duramente golpeado por la reducción del aforo de pasajeros y los altos costos de la operación.

Geovanny Ramos, directivo de Operador Uno y vocero autorizado, aseguró que las empresas de transporte y los propietarios de los vehículos están dejando de recibir un 70% de los ingresos que tenían antes de decretarse la emergencia sanitaria por el coronavirus, lo que representa un déficit cercano a los $125 mil millones durante los cinco meses que van de la pandemia.

“Esta situación mantiene en una crisis económica a las empresas de transporte y a los propietarios de los vehículos, que hoy no reciben ingresos por poner a rodar sus vehículos”, dijo Ramos.

Explicó que cuando un vehículo sufre algún daño o requiere de mantenimiento preventivo, los propietarios y empresas deben utilizar recursos propios o préstamos para reparar el bus, y en el caso de la gran mayoría, prefieren sacar de operación el vehículo por falta de recursos.

El directivo de Operador Uno indicó que se estima que se han dejado de movilizar entre 400.000 y 450.000 usuarios diarios durante el período de la pandemia.

Además, afirmó que el costo de operación de un bus promedio, corresponde a $387.600 diarios, sin dejar ninguna utilidad.

“Hoy solo podemos hablar que en promedio se reciben $253.000 por vehículo, esto después del ajuste tarifario que realizó el Área Metropolitana de Barranquilla (AMB).

A raíz del déficit económico, diariamente operan entre 2.500 y 2.700 buses, el resto está inmovilizado por falta de recursos para operación y por la deserción de conductores. El parque automotor de buses, busetas y colectivos suma más de 3.000 vehículos en Barranquilla.

Señaló que el Gobierno nacional, al inicio de la pandemia, realizó una disminución “importante” del combustible. Sin embargo, no fue suficiente ya que ese es el rubro que más les afecta en la canasta de costos del transporte.

Sobre la empleabilidad, Geovanny Ramos aseguró que antes de la pandemia de la Covid-19, hablaban de unos 4.500 empleos directos y unos 2.500 empleos indirectos.

“A esto debemos agregar a los propietarios de los vehículos cuyos ingresos familiares derivan de esta actividad y hablamos en promedio de unos 2.600 propietarios. Estamos hablando que son aproximadamente 38.400 personas las que dependen directa e indirectamente de esta actividad”, dijo.

Especificó que la cifra no incluye la cadena de proveedores de insumos de la canasta de costos del transporte, cuyos ingresos dependen en gran parte de esta actividad de transporte público.

Piden auxilios

Geovanny Ramos le pidió a la administración local generar las acciones necesarias para asignar unos recursos “en calidad de auxilio” a las empresas transportadoras, en beneficio de propietarios y empleados de las mismas.

Recalcó que el Plan Nacional de Desarrollo insta a los gobiernos locales a generar una fuente de financiación para los sistemas de transporte masivo y los sistemas de transporte colectivo de sus municipalidades.

 “Hoy vemos como la administración muestra sus proyectos de inversión para la ciudad hasta por $5 billones, esto lo aplaudimos como habitantes de la ciudad y que apoyamos su crecimiento, pero no hemos visto en dónde se incluye al transporte colectivo en esas inversiones,  situación que nos preocupa, pues no se está viendo el riesgo de parálisis que corren estas empresas en el corto plazo, sino obtienen un auxilio para subsistir mientras las cosas vuelven a su cauce normal”, advirtió Ramos.

Aconsejó empezar por destinar parte de los recursos que se han recaudado para la compra de equipos tecnológicos en una futura modernización del transporte.

Estos recursos que hoy están por el orden de los $10 mil millones, pueden apoyar parcialmente a las empresas para solventar sus costos de operación y de esta manera podríamos seguir contando con empresas de transporte público con las cuales podemos hacer una integración”, dijo.

Señaló que hoy la ciudad cuenta con una red de transporte “bastante amplia y moderna” que se mueve por casi el 90% del área metropolitana.

“Las condiciones han cambiado”

Fabián Sierra, uno de los conductores de la empresa de transporte Embusa, contó a este medio de comunicación que su trabajo –como el de muchas personas– se ha visto afectado y que el nivel de ingresos disminuyó con el aislamiento obligatorio y pese a que varios sectores de la economía se han ido reactivando de manera progresiva, el flujo de personas y las condiciones no son las mismas.

Explicó que, en el caso de los buses, ya no puede permitir que vayan personas de pie y a esto se le suma que más de la mitad de los asientos van desocupados para permitir que las personas puedan guardar distancia.

Ellos, como conductores responsables del vehículo, antes de cada servicio deben lavarse las manos y después del recorrido, utilizar tapabocas, guantes, careta y usar gel antibacterial constantemente por el manejo del dinero en efectivo.

Señaló que una de las nuevas costumbres que más le ha costado es el uso de tapabocas y guantes ya que el interior del bus es caluroso y con estos implementos la temperatura se siente más alta. Sin embargo, resaltó que entiende que por salud debe usarlo e “ir moldeándose a la situación”.

Sierra, quien se dedica al transporte desde que tenía 28 años, resaltó el buen comportamiento que han tenido los pasajeros.

“Las personas se montan con su tapabocas y con sus guantes. Hasta ahora no he tenido problema con algún pasajero de que no quiera usar tapabocas, ellos han cumplido con el protocolo”, dijo el hombre de 40 años.

Mientras pasaban los minutos durante la ruta, EL HERALDO pudo evidenciar que cuando el bus llegaba a la ocupación exigida por el Ministerio de Salud y Protección Social, le impedían el ingreso a más pasajeros.

Fueron varias las personas que se quedaron en la parada en el intento de subirse al vehículo y quienes fueron rechazados cuando ‘sacaron la mano’.

Pese a estar en un trabajo –que a diario– lo expone al contagio de la Covid-19 por la cantidad de personas con las que tiene contacto, aseguró que no siente miedo porque confía en los cuidados que está aplicando, y que lo hace no solo por él sino por su esposa e hijos, con quienes convive.

Además, dijo que en el día realiza entre tres y cuatro carreras (cada una con una duración de dos horas o dos horas y media, dependiendo cómo esté el tráfico) y que entre cada una tiene una hora y media para desinfectarse, desinfectar el vehículo en la parte interna y descansar mientras le llega el turno.

Viajeros se sienten seguros

Luz Ena López, una pasajera de 64 años y quien salió exclusivamente a reclamar unos medicamentos, contó que desde que comenzó el aislamiento no se había transportado en bus y que se siente segura con los cuidados que ha visto durante el recorrido.

“Hoy es que estoy saliendo porque no pudieron enviarme los remedios a la casa. Estoy viendo que el bus va vacío, yo llegué, me subí, me senté y me eché mi alcohol porque me da miedo enfermarme”, dijo la mujer.

La señaló que las cifras del virus han bajado en la ciudad, pero que debemos seguir cuidándonos para que “no volvamos a caer en cuarentena”.

Por otra parte, Breiner y Duván Zambrano un par de primos que trabajan juntos en un almacén donde cortan madera, demostraron que el hecho de vivir juntos no es excusa para no respetar la distancia.

Al ingresar y cancelar los $2.300 que cuesta el bus se sentaron en sillas separadas y coincidieron en que lo que más les gusta del protocolo de bioseguridad es que no se les permite el ingreso a muchas personas, lo que evita que se vayan de pie, cosa que les pasaba a menudo antes que llegara el coronavirus a la ciudad.

“Lo que no ha cambiado son las altas temperaturas, hace mucho calor y el tapabocas no ayuda tanto porque a veces uno se está ahogando. Uno que es joven puede aguantar, pero alguna persona de pronto no”, dijo Duván Zambrano.

María De la Hoz, una mujer que se dedica a la peluquería de manera independiente y quien se dirigía a prestar un servicio en el barrio El Carmen, afirmó sentirse segura utilizando los buses para transportarse.

“Yo me he montado en varios medios de transporte y he visto que sí tienen seguridad, cada uno guarda la distancia, cada toma sus propias medidas (…) cuando me monto al bus, lo primero que hago después de estar sentada es limpiarme y hay muchas personas que también lo hacen”, manifestó De la Hoz.

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