El Heraldo
Varios de los comerciantes del centro de Barranquilla aseguran que las ventas ya no son igual que antes. Para ellos, en años anteriores más gente compraba.
José Capela
Barranquilla

Comerciantes esperan un ‘milagrito’ de Navidad

En el Paseo Bolívar, vendedores esperan la llegada de estos días de fiesta para recuperarse de un año con “poco movimiento” en las ventas.

Por Salomón Asmar Soto
Twitter @heybarro

Hay algo en esta Navidad que la hace diferente: una nostalgia colectiva que recorre el centro de Barranquilla.  En silencio, ignorando el ruido de los parlantes y del tráfico, se posa sobre cada uno de los comerciantes. Poco importan las fiestas si no hay quien las viva. El sector se siente diferente, como si hubiera perdido esa emoción que solo le da el mes de diciembre.

Como todos los fines de año, miles de barranquilleros se movilizan en masa hacia el centro de su ciudad. El Paseo Bolívar y sus coloridos comercios reciben con las puertas abiertas a la muchedumbre ansiosa por suplir sus deseos navideños. Para muchos, los regalos y la ropa decembrina son más que una tarea por cumplir, son una tradición. 

Pero el centro en Navidad ya no es lo que era antes, o al menos eso es lo que afirman algunos de sus comerciantes. Según cuentan, las ventas se han venido abajo y cada vez menos gente se aventura hasta la tradicional avenida. La alegría contagiosa de estas fechas se ha convertido en una resignación sutil que recorre como un zumbido las tiendas de la zona. Con menor cantidad de compradores, el centro de Barranquilla vive una época extraña, una festividad agridulce. 

“Cada quien se rebusca en su sector como puede. Varios colegas han sufrido un bajón en las ventas, pero lo que más se mueve es la ropa y los juguetes. Al centro viene gente de todas las edades y, a pesar de todo, se ha movido”, aseguró Harold Andrade, vendedor de textiles.

Aun así, no todo está perdido. Bajo el reflejo del sol currambero miles de barranquilleros todavía viven aquella Navidad de antaño comprando las telas para los vestidos y los juguetes para poner bajo el árbol. 

En el centro aún se respira aquel trajín festivo típico de diciembre. Hay música, colores, anuncios y promociones. En la época de internet todavía sobreviven el regateo y la astucia de los vendedores que exhiben sus productos en pequeñas mesas de madera.

Aún viven los populares agaches y los puestos de relojes. Zapatos, gorras, electrodomésticos y accesorios para celulares conviven todos juntos en un safari salvaje de mercancías surtidas. Los colores vivos de las frutas frescas siguen decorando el paisaje agresivo del centro de Barranquilla. Patillazos, limonadas y la gota del zumo de limón que cae sobre el mango siguen ahí, dentro de una cápsula del tiempo que no envejece. 

 

Juguetes de todos los colores y formas son exhibidos en la feria de Navidad del Paseo Bolívar, en el centro.

Jóvenes y adultos transitan rápidamente por sus calles y recovecos. Hace calor —bastante—, pero eso no impide que la gente recorra cada una de los comercios buscando los mejores precios y las rebajas más grandes.  A pesar del susurro seductor del recuerdo, Barranquilla vive su diciembre como ha aprendido a hacerlo: comprando todo a última hora y debatiendo sobre la actualidad de Junior, su hijo amado. 

La creciente cantidad de centros comerciales y la facilidad para adquirir productos han alejado, según los comerciantes, al  barranquillero del tradicional viaje al Paseo Bolívar. La Feria de Juguetes es casi un carnaval, pero para ellos en años pasados había más gente y, por consiguiente, mejores ventas. 

“Honestamente, todo ha estado muy suave, pero tengo la fe de que todo va a mejorar. El flujo de personas no se ve igual que en años anteriores. Hay muchos centros comerciales que han atenuado el número de personas que vienen a comprar”, contó Leyder Lemus, vendedor de juguetes. 

La tecnología y los videojuegos, uno de los sectores más fuertes en el centro y San Andresito, también se ha visto golpeado. A pesar de que las consolas de videojuegos se sigan comprando, los comerciantes han notado que cada vez son menos las que venden y también la gente que se acerca a sus locales a adquirir sus juegos favoritos. 

“No ha sido lo que uno espera, pero hemos logrado vender algunas cosas. Para ser diciembre, esperábamos más. Quizás es que los almacenes están haciendo muchas promociones”, explicó Henry Teherán, dueño de un local de videojuegos, mientras regateaba uno de sus productos. “Ya esto no es lo mismo, antes la gente no cabía detrás del mostrador. Algo pasa”, aseguró.

En San Andresito del Río, uno de los centros comerciales dedicados a la venta de videojuegos, el panorama pinta mejor. Las últimas consolas del mercado brillan en las estanterías y los padres de familia apresuran la compra de los regalos de Navidad. Hay algo indescriptible que aún perdura en estos locales: la emoción y el júbilo de los niños que se ilusionan con sus juegos favoritos.

A pesar de todo, las ventas han sido más bajas. César Difilippo, gerente comercial de Videojuegos Los Socios, afirma que la perspectiva es igual a todos los años. “El barranquillero deja todo para última hora, lo que también nos afecta a nosotros los comerciantes”, contó.  “En otros años se veía más gente, pero la situación del país nos afecta a todos. Yo creo que las ventas se han disminuido en un 20%”, argumentó.

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