El toque de queda y la ley seca no fueron impedimentos para desempolvar sus disfraces y contagiarse del ambiente festivo que caracteriza a las fiestas del dios Momo. 'El cierre me cayó como un baldado de agua fría porque en un día de Carnaval fácilmente podía vender 400 mil pesos con las sopas. Yo tengo mis clientes fijos pero no es lo mismo vender a domicilio que atender a la gente', dijo la mujer. 'Un domingo de Carnaval normal hay mucha gente por este sector, pero ahora solo están los familiares de los que están internados en el hospital. Es un ambiente muy distinto', dijo Magdalena Tafur, vecina del barrio El Carmen. En otro sector de la ciudad, más exactamente en el mercado de Barranquilla, Agustiniano Manjarrez rememoraba el Carnaval de antaño mientras vigilaba un cargamento de papa y cebolla. Autoridades apagaron 132 fiestas en la ciudad durante el toque de queda La Oficina para la Seguridad y Convivencia Ciudadana también reportó que durante ese periodo se presentaron 20 atenciones a comercios, así como 65 traslados a la Unidad de Convivencia Ciudadana y Justicia (UCJ). Imponen 459 comparendos