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Ubaldo Ávila Dávila, de 57 años, enseña las ‘disciplinas’ que utiliza cuando paga su "manda”.
Hansel Vásquez
Atlántico

Entre la vida y la muerte: el dilema de pagar una “manda” en tiempos de coronavirus

Los penitentes de Santo Tomas se debaten en el dilema de si saldrán a cumplir el Viernes Santo con sus promesas.

Debajo del ‘capirote’, las gotas de sudor se confunden con las lágrimas que se almacenan por unos instantes en el entrecejo fruncido del penitente, quien —con la cabeza agachada e inclinado sobre una de sus rodillas— espera que su ayudante le haga con una cuchilla siete cruces en la espalda, mientras repite una oración.

Un chorro de licor blanco en las heridas y un amén esperanzado marcan el momento de levantarse de nuevo para seguir el camino hacia la ‘Cruz Vieja’ del municipio de Santo Tomás, y continuar con una tradición que se ha forjado a través de las décadas a punta de golpes de la ‘disciplina’ y devoción.

La arena caliente y los gritos de ánimo de la gente aglomerada a lo largo de los 2,5 kilómetros de camino que recorren los flagelantes, hacen parte del ritual que se ha vuelto más cultural que sagrado en el Atlántico, y que año tras año reúne a devotos, acompañantes, curiosos y hasta turistas que, con alcohol y abanicos de cartón, son testigos de historias escritas con sangre entre el Caño de las Palomas y la séptima cruz de madera, en el barrio Buena Esperanza.

Así ha sido en el municipio desde hace 200 años, cuando por primera vez una persona decidió “ayudar a Jesucristo a derramar su sangre” en un Viernes Santo, a cambio de un milagro reflejado en la salud de algún ser querido.

El tiempo hizo que la prohibida práctica medieval se convirtiera en una tradición que va más allá de cualquier acto litúrgico de Semana Santa, centrándose en la paga de “mandas” de vida o muerte para los penitentes.

Sin embargo, la cuarentena por la expansión del coronavirus ha puesto en jaque la celebración católica en todo el mundo y, si bien la mayoría de quienes deciden “picarse” el Viernes Santo lo hacen por afecciones de salud de allegados y por decisión personal, este año una enfermedad amenaza con interrumpir, por segunda vez en la historia del municipio —la primera vez fue en 1968 cuando el Vaticano prohibió la autoflagelación en actos litúrgicos—, el recorrido de los penitentes de Santo Tomás.

La muerte de ‘el Indio’

Si había alguien en Santo Tomás que supiese cómo pagar una manda, ese era Manuel María Charris Fontalvo, ‘el Indio’. Él hombre de 98 años se había convertido en el penitente más veterano del municipio, uno de los pocos de haber estado en la época del entredicho, de haber superado sus mandas a pesar de las oposiciones; y a quien muchos acudían cuando se encontraban frente a la responsabilidad de cumplir una promesa a Dios.

‘El Indio’ Manuel María había pagado al menos 30 años de manda cuando la pasó a su hijo, por eso él sería una de las personas a las que los “nuevos penitentes” le consultarían cómo proceder ante las restricciones de la Semana Santa en plena cuarentena.

Sin embargo, como si se tratase de un mal presagio o una advertencia, apenas cuatro días antes del Domingo de Ramos, ‘el Indio’ murió. A las 5:00 de la tarde del miércoles 1 de abril, su corazón se detuvo cuando estaba acostando en una cama en el interior de su casa.

“Él murió de viejito. No tenía ninguna enfermedad ni nada, simplemente que ya iba a cumplir 99 años ahorita el 9 de abril y murió antes de eso. Él no supo de cuarentena ni coronavirus ni nada de eso, ya llevaba varios años aquí en la casa sin salir porque estaba bastante deteriorado”, contó John Jairo Garzón Charris, de 43 años, el nieto mayor de Manuel María desde la terraza de su casa, un par de horas antes del sepelio.

En el interior de la vivienda, hijos y nietos de ‘el Indio’ lamentaron que la cuarentena hubiese impedido que más personas acompañaran al maestro de los penitentes, quien son brebajes naturales y “santiguadas” se había ganado el afecto de muchos tomasinos. También recordaron sus hijos la manda que, en algún momento, Manuel María dejó de pagar.

Según José Catalino Charris, uno de los hijos del eterno penitente, su padre comenzó a flagelarse en 1958, cuando estaba a punto de nacer su primera hija, Josefa, pues su esposa había tenido fuertes complicaciones de salud a finales del embarazo. Dice José Catalino que Manuel María pidió por ambas una manda de 10 años, la cual —sumada a los dos años de penitencia que “le regaló a Dios”— pagó en 12 Viernes Santos.

“Después, su propia mamá se enfermó grave y él dijo que se iba a picar pa’ toda su vida y lo hizo por unos 30 años, pero no siguió haciéndolo porque se lo prohibió el médico cuando lo operaron por úlceras en el estómago. Un hermano mío fue el que continuó la manda de él y se picó por unos 12 o 13 años”, relató José Catalino.

Asimismo, dijo que desde que dejó de ser él quien recibiera las cortadas en cruz en la espalda, el mismo José Catalino se convirtió en ayudante y consejero de los penitentes que año tras año llegaban al municipio, e incluso les preparaba las ‘disciplinas’ con las siete bolas de cera o brea para que pudieran emprender su camino milagroso.

“Mi abuelo lo tenía como un rito de verdad y cumplía todos los pasos de la penitencia para pagar su manda, hasta el Viernes Santo”, recordó John Jairo, su nieto mayor, asegurando que Manuel María, en los últimos años al servicio de los flagelantes, se fue decepcionando un poco de ver que algunos no se lo tomaban la solemnidad y responsabilidad que, para él, le merecía la “manda”.

“Hace como seis años se desentendió de la Semana Santa. Llegó un tiempo en el que él dijo que no quería saber de eso y no quería ir allá porque decía que a la gente le pagaban para eso, que lo tenían como negocio, que no cumplían las mandas completas. Él no estaba de acuerdo”, aseguró John Jairo sobre su abuelo.

El dilema

Este año, la crisis sanitaria por el coronavirus ha hecho que los habitantes de Santo Tomás, sobre todo los que aún tienen una “manda” por pagar, teman que se pueda impedir el recorrido de los flagelantes.

De acuerdo con el alcalde del municipio, Tomás Guardiola Sarmiento, las restricciones por decreto presidencial son claras: se prohíbe cualquier evento social, religioso o de cualquier índole que genere aglomeración de personas en todo el territorio nacional.

“Es claro que, más que implementar medidas, debemos hacer cumplir lo que el Gobierno dictaminó. El aislamiento social es obligatorio y por tal motivo la Semana Santa será muy diferente. Los actos litúrgicos serán virtuales y no habrá eventos abiertos. Con respecto a los flagelantes, tampoco se va a permitir que estén en la calle si no están dentro de las respectivas excepciones del decreto de cuarentena”, explicó el alcalde Guardiola.

Explicó que harán lo posible por cumplir la norma y, por eso, la Administración municipal se puso en contacto con el coronel Hugo Molano, comandante de la Policía de Atlántico, para establecer estrategias que permitan “que los tomasinos sigan acatando las restricciones”. Esto, dijo Guardiola, será con un aumento del pie de fuerza policial en las calles y la aplicación de comparendos, como lo dice la norma.

“Esto no es un capricho, no es algo que nosotros queramos, sencillamente que hay una medida tomada pensado en la salud de todos los colombianos y, obviamente, también de los tomasinos”, destacó el mandatario.

Es debido a ello que quienes aún tienen una “manda” por pagar se encuentran en un dilema entre el cumplimiento de la ley y el cumplimiento de su promesa “milagrosa”, entre ellos Ramón Salcedo Pérez, quien ha pasado 18 de sus 50 años de vida recorriendo, cada Viernes Santo, el camino a la ‘Cruz Vieja’ en su pueblo.

Según contó, la “manda” que ahora paga es por una nieta que nació con graves problemas de salud. Dice que la empezó hace tres años y la pagará hasta que la niña pueda caminar; sin embargo, aseguró que la primera vez que se flageló fue en el año 2002 por un hijo suyo y, aunque este murió, desde entonces ha seguido haciendo promesas de sangre por al menos cuatro de sus seres queridos.

Si bien dice tener claro que es una gran responsabilidad la que tiene, Rafael Salcedo indicó que si no es posible pagar la “manda” este año, no lo forzará.

 “Eso es en toda Colombia, en todo el mundo, no es invento de uno. Yo estoy dispuesto a pagar mi “manda”, pero si no se puede la sigo el otro año, eso no pasa nada. Hacerlo a otra hora o en otras condiciones es muy difícil porque la manda tiene sus exigencias de que debe ser con el sol caliente y en ayunos. Tiene que ser ese día, pero si uno no sale por fuerza mayor, Dios entenderá”, dijo Salcedo Pérez, asegurando que si sale, muy seguramente la Policía no le va a creer que lo hace por una “manda”, sino que le van a poner “el comparendo ese de $900.000”.

Contrario a lo que piensa Rafael Salcedo, Ubaldo Ávila Dávila, de 57 años, asegura que por encima de cualquiera saldrá este Viernes Santo a recorrer el camino de su penitencia, pues cree que de no hacerlo le ocurriría “algo malo”.

“Yo sí tengo pensado salir, pero como oigo diciendo que no va a haber Viernes Santo y que la Policía va a estar pendiente de no dejar salir a los penitentes, yo voy a salir en la madrugada, eso es suficiente porque yo no tengo que ver con que nadie me esté viendo, yo lo que tengo es que cumplir mi “manda” y el único que va conmigo es el que me va a cortar”, dijo Ubaldo Ávila, quien este año cumpliría 17 años desde que hizo su primer voto por la vida de un hermano.

“En ese momento le pedí al Señor que reviviera a mi hermano porque ya él estaba encajado y el Seños me lo Salvó. Ya yo había terminado, pero ahora estoy haciendo una por la señora mía que tiene un problema de circulación”, contó Ávila.

Para él, no hay restricción que le impida cumplir con la promesa que hizo, pues a lo largo de las casi dos décadas que lleva como penitente solo una vez dejó de cumplir su “manda” y cree que por eso sufrió un accidente que casi le cuesta un pie cuando cavaba en una parcela que adquirió.

Además, Ubaldo Ávila aseguró que ya varios “compañeros de penitencia” le han dicho que están dispuestos a salir este Viernes Santo y que harán lo posible por cumplir con su “deber”.

“Yo hago mi manda bien hecha y la pago completica, por eso yo sí voy a salir”, concluyó Ávila Dávila.

Un consejo: “Dios se resiente con la embustería”

En su tiempo, Angela Matilde Conrrado, más conocida en Santo Tomás como Angelita, también tuvo que lidiar con quienes intentaron impedir que pagara la “manda” que pidió por la vida de su hija en 1979.

“Yo fui la primera mujer que se picó aquí en Santo Tomás, por eso se armó un revuelo en le pueblo y no me querían dejar salir a pagar mi ‘manda’. Hasta la Policía se metió y el alcalde de ese tiempo quiso meterme presa. Yo le dije que si quería yo le estrenaba la cárcel de mujeres, pero sea como sea iba a cumplir mi ‘manda’”, relató la mujer de 77 años en la terraza de su casa.

Recordó que, antes de cumplir dos años, su primera hija se enfermó de sarampión y polio, a tal punto que un médico le dijo que llevara a su bebé a morir en la casa. La desesperación la llevó a recorrer consultorios de todo tipo a lo largo del Atlántico, pero en ninguno hallaba respuesta para la condición de su pequeña Angélica.

“El 14 de enero de 1977 yo estaba desesperada, veía que mi pelaita se estaba muriendo —relató Angelita con lágrimas en los ojos—; entonces me fui al patio de la casa y me arrodillé en un palo de mamón que había y lloré y pedí a mi Señor Jesucristo que salvara a mi hija. De ahí, cuando me levanté, llegó una señora a la puerta de mi casa diciendo que Dios le había hablado diciéndole que me ayudara. Ella trajo suero y con un algodón empezó a darle a mi hija que desde hace semanas no comía porque no podía tragar”, afirmó la mujer.

Desde entonces, aseguró Angelita, su hija se fue recuperando poco a poco y, cuando vio que ya empezaba a caminar, dos años más tarde, tras haber seguido con el proceso de recuperación de su hija en diferentes centros médicos y con la ayuda de su “ángel”, se quebrantó y decidió pagar la “manda” que pidió aquella noche bajo el palo de mamón.

Contó que entonces fue hasta donde ‘el Indio’ Manuel María para que la entrenara y él, además de enseñarle los pasos del penitente, le hizo una ‘disciplina’ nueva, la animó a cumplir su promesa por encima de lo que viniese e, incluso, la acompañó en su camino como flagelante por tres años.

Es por eso que para ella, que recuerda con las cicatrices de su espalda la paga de su “manda”, quienes tienen pendiente una “manda” deben pagarla. Si bien no anima a los penitentes actuales a infringir la ley, Angelita asegura que deben buscar las estrategias que sean necesarias en medio de la cuarentena para cumplir con la promesa que hicieron.

“En ese momento, yo sabía que no podía dejar caer mi palabra en el suelo porque estaba viendo el milagro y tenía que cumplir lo que había prometido. Por eso yo les digo que el que quiera de verdad hacerlo lo hace hasta en el patio de su casa. Eso hay que cumplirlo porque Dios se resiente con la embustería. No hay que estar en exhibición de nadie, sino que hay que hacer lo suyo con fe, no es para que la gente lo vea a uno”, aconsejó Angelita.

Lo cierto es que los penitentes están en un dilema moral que deberán resolver en los próximos cinco días. Mientras tanto, los tomasinos ya están a la expectativa de lo que ocurrirá este Viernes Santo, así como las autoridades que desde ya han venido ejerciendo controles en el municipio —el segundo con más comparendos en el Atlántico durante la cuarentena— para garantizar, hasta donde sea posible, el cumplimiento del decreto de aislamiento social preventivo obligatorio por la expansión de la COVID-19.

HERÁLDICA: El año del entredicho

Esta no sería la primera vez que se intenta impedir que los flagelantes salgan a las calles. En 1968, la Iglesia Católica le dio la espalda al municipio de Santo Tomás durante 15 días, precisamente porque desde el Vaticano se intentó impedir el recorrido de los penitentes.

Según narran los historiadores y los mismos habitantes del pueblo, todo comenzó cuando el Concilio Vaticano II de 1965 resolvió que la práctica de autoflagelación tenía rasgos de costumbres paganas y se ordenó, sin previo aviso, prohibir ese tipo de actos durante la Semana Santa en todo el mundo.

El decreto papal trascendió hasta la Diócesis de Barranquilla tres años más tarde, desde donde monseñor Germán Villa Gaviria ordenó al sacerdote de Santo Tomás, Sigifredo Agudelo Cifuentes, impedir por primera vez la salida de los flagelantes en las ceremonias litúrgicas de esa Semana Santa.

La decisión, comunicada a lo tomasinos en la plaza principal, enfureció al pueblo que, hasta entonces, había recibido acompañamiento y guía espiritual por parte de la iglesia hacia sus penitentes; de manera que, llegado el Viernes Santo, los flagelantes se rebelaron contra el intento de impedir el pago de sus mandas e hicieron su recorrido habitual el 12 de abril de ese año.

La respuesta del padre Agudelo fue contundente: cancelar la procesión del Viernes Santo y todo tipo de acto religioso, cerrar la iglesia e irse de Santo Tomás. Ello enfureció aún más a los habitantes del municipio que terminaron por irrumpir en la iglesia y casa cural para sacar, a la fuerza, las imágenes religiosas a las que les rendían devoción.

La revuelta fue tal que ni siquiera las autoridades policiales pudieron detener a la turba que reclamaba los actos litúrgicos. Como resultado, la iglesia de Santo Tomás entró en entredicho por una orden canónica y se le prohibió el “uso de bienes espirituales” durante 15 días, al final de los cuales una misa campal permitió la reconciliación de la iglesia católica con los feligreses tomasinos.

Desde entonces, cuentan los mismos habitantes del municipio, el recorrido de los penitentes no fue igual. Al año siguiente, había más personas siguiendo el camino hacia la ‘Cruz Vieja’ golpeando sus espaldas con la disciplina, y el número de espectadores habían convertido aquel acto de sacrificio en un espectáculo que, hasta hoy, no se había podido evitar.

José Aníbal Oñate, un nazareno que no saldrá por primera vez en 18 años

Durante 18 años, José Aníbal Oñate Morales ha cumplido cabalmente las tradiciones religiosas de la Semana Santa en el corregimiento de Valencia de Jesús, jurisdicción de Valledupar, el pueblo donde se celebra con mayor devoción esta temporada en el departamento del Cesar.

 Sin embargo, a raíz de la emergencia sanitaria por el coronavirus, en esta ocasión todo será diferente, debido a que no podrán realizarse las misas ni las procesiones, así como tampoco los ritos alrededor de las imágenes sagradas en la iglesia colonial de esa localidad.

 José Aníbal es uno de los 250 miembros de la Hermandad de Los Nazarenos, la organización religiosa más antigua en este departamento, que en este 2020 cumple 260 años de existencia y para lo cual se venía preparando una ceremonia especial con distinciones a los integrantes más antiguos.

 “Esta cuarentena fortalece más nuestra fe”, dice, mientras se alista para cumplir desde su casa con los actos religiosos, incluso portando la indumentaria que usan los miembros de esta comunidad, como lo es una túnica.

 Señala que “uno primero tiene que ser obediente a disposiciones legales y de la Diócesis que da unas directrices, pero de todos modos nos da algo de nostalgia, porque es una semana que como fieles esperamos durante todo el año para celebrarla, para congregarse con sus hermanos, para revivir esas tradiciones y ese acercamiento con Jesús; pero en esta ocasión, por cuestiones de la pandemia no lo vamos a poder hacer, no vamos a poder acercarnos a los templos, ni sacar las imágenes, no vamos a poder congregarnos como hermandad”.

No obstante, señala que hay otras formas para celebrar esta Semana Santa, a través de las transmisiones que van a hacer las parroquias y celebrar desde las casas. “Esto no va a afectar nuestra fe, ni nuestras tradiciones, por el contrario las fortalece, y además nos sirve para enseñarnos a valorarlas, a que tengamos más entrega porque a veces Dios nos quiere llamar la atención”, puntualizó.

Valencia de Jesús tradicionalmente es el pueblo más concurrido en la Semana Mayor, porque conserva las tradiciones y rituales en la celebración de esta temporada, pero en esta ocasión deberá como en todo el país guardarse para evitar el contagio del COVID-19. Sin embargo, según los Nazarenos, su fe sigue intacta y fortalecida.

La nostalgia de un fotógrafo samario de Semana Santa

Desde este domingo la nostalgia se apodera de David Ruiz Ureche, un experimentado fotógrafo samario para quien la Semana Santa no solo representa la consolidación de su fe, sino que le produce muy buenos ingresos económicos.

El aislamiento obligado hace que su cámara la tenga casi que inactiva, sin usarla mucho, aunque la tiene lista para obturar ante cualquier eventualidad. “Es que uno no sabe”, sostiene.

‘El Curvas’, como le dicen sus más arraigados amigos, es de los que piensa que en este ejercicio hay que estar preparado para todo porque “la fotografía es un medio de expresión artística, en la que registramos el mundo que nos rodea”. Por ejemplo, a raíz de la cuarentena ha captado imágenes de calles solitarias de su barrio, Pescaito, y esto – según opina– “es una expresión artística de mi mundo interior”.

El presidente de la Asociación de Fotógrafos y Camarógrafos del Magdalena, Afocamag, David Ruiz, es consciente de que las medidas restrictivas son necesarias. “Estamos atravesando una crisis pues la mayoría de los fotógrafos vivimos del turismo y la actividad social. Y si hay una fecha que al menos 150 fotógrafos esperamos es Semana Santa. “El Viacrucis, el lavatorio de los pies, la gente cargando el Santo Sepulcro y la visita a los monumentos, son, entre otras, fotografías que se venden como arroz, pero este año no será así por el coronavirus”, dice resignado.

“Ahora oro en mi casa”

La celebración de la pasión, muerte y resurrección del Señor no será la misma en ninguna parte del mundo. Es una experiencia nueva, en 40 años de nazareno que experimentará Argemiro de Jesús Pacheco Támara, el coordinador de los 36 nazarenos activos y voluntarios con que cuenta la Catedral San Francisco de Asís, en Sincelejo.

Este hombre que desde los 22 años empezó a servir en la Iglesia Católica asegura que es primera vez que en 40 años no ayuda en la organizaciones de las procesiones de la Semana Santa y no lo hace por voluntad propia, sino porque las condiciones del país y el mundo se lo exigen.

“Esto me hace falta. Es una época en la que estamos muy ocupados coordinando todo lo de la Semana Mayor, las 8 procesiones. Limpiando y arreglando las imágenes religiosas y los pasos y ver que ahora tenemos que estar en casa, sin hacer nada es muy extraño, me hace mucha falta”, anota el nazareno que ahora se dedica a orar desde su casa para que la pandemia se pase rápido.

A los nazarenos que coordina Argemiro también se les truncó con esta situación el estreno de un vestuario para el que la Catedral ya les había mandado a tomar las medidas.

“No perdemos las esperanzas en que esos nuevos vestidos los vamos a usar en las otras procesiones que vienen como la de la Virgen del Carmen, del Sagrado Corazón de Jesús y otras más”, anota este nazareno a quien desde pequeño su mamá le inculcó la fe en Dios, ese Dios que en su criterio lo ha salvado de todo y le ha ayudado en todo.

“Estamos de manos atadas”

Claudio Castelar se gana la vida pintando cuadros y tallando artículos en madera que elabora por encargo en ferias y celebraciones como la Semana Santa, en el municipio de Lorica, Córdoba.

Si bien eran muchas las expectativas que se tenían ante la venidera Semana Santa, Castelar dice que todo se ha congelado pues su negocio, al igual que el del resto de artesanos, depende de la afluencia de clientes, viajeros y lugareños que salen a las calles del municipio a disfrutar de la arquitectura local y llevar un recuerdo para sus casas.

 Esas son las ventas y los negocios para Castelar, que debido a la cuarentena en plena temporada alta se ha visto obligado dejar sus herramientas de arte para subirse a una moto y entregar a domicilio los almuerzos que su esposa prepara por encargos.

 “Mi esposa es una de las matronas del mercado público de Lorica, ella prepara sancochos, pero ahora estamos de manos atadas, por lo que contactamos a potenciales clientes que necesiten que les preparen las comidas tradicionales ahora en Semana Santa y se les lleva a domicilio”, explica Claudio, pensando con el deseo frente a la difícil situación económica por la que atraviesa él y sus compañeros artesanos.

 El artista sostiene que si bien el aislamiento preventivo le ha dado tiempo necesario para crear, asegura que las condiciones económicas le roban la concentración, aunque confía en que una vez todo vuelva a la normalidad, podrá también retomar su labor artística.

“Lo mío, lo que yo hago, está totalmente congelado. El poco tiempo que tengo para salir en el ‘pico y cédula’ lo aprovecho para hacer vueltas de la casa, espero que más adelante todo se vuelva a estabilizar y podamos producir cosas interesantes, con cuadros que plasmen esta situación para mostrar cómo cambió la vida de la gente y ver de qué manera fluye luego del coronavirus”, puntualiza.

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