Somos conscientes de que la calidad del aire en un lugar es buena porque es fácil respirar. Esa actividad imperceptible se vuelve notoria cuando las inhalaciones refrescan nuestro organismo y generan un estímulo positivo a nuestro cerebro que se traduce en beneficios para nuestra salud mental y cognitiva. Respirar un aire limpio —teniendo en cuenta las dinámicas humanas actuales— es un privilegio, pero también un derecho que las distintas entidades del Estado deben seguir garantizando. Le puede interesar: Horarios, ingresos y cierres viales: todo lo que necesita saber de la Coronación del Carnaval de la 44 Para contribuir al mejoramiento atmosférico en la ciudad, EL HERALDO conoció que EPA Barranquilla Verde instalará tres semáforos que visualizarán la calidad del aire en igual número de puntos en la ciudad. Estos dispositivos permitirán la visualización del índice de radiación solar conforme a lo establecido por la Organización Mundial de la Salud (OMS), así como del Índice de Calidad del Aire (ICA). Los semáforos estarán conectados a estaciones indicativas que medirán la cantidad de partículas contaminantes PM10 y PM2.5 en la atmósfera, al tiempo que contarán con variables meteorológicas que permitirán fortalecer la toma de decisiones y la gestión del riesgo en el Distrito. Además, se contará con un equipo de medición de black carbon o PM0.1, un contaminante que se genera por la combustión incompleta de materiales como madera, residuos y combustibles fósiles; al respecto, la entidad aseveró que incorporar su medición permite fortalecer la gestión del cambio climático y la toma de decisiones ambientales. EPA Barranquilla Verde le contó a esta casa editorial que, en caso de que no se presenten inconvenientes en estos meses, los tres dispositivos se inaugurarán a mediados de marzo de este año. La calidad del aire en Barranquilla, según la autoridad ambiental en el Distrito, por lo general se mantiene en un índice “bueno”; sin embargo, en época seca pueden incrementarse los niveles de material particulado PM10 y PM2.5, los cuales son partículas sólidas o líquidas que provienen de la combustión de combustibles fósiles (diésel y gasolina), el desgaste de frenos y neumáticos, procesos industriales y los incendios forestales. De acuerdo con Margarita Castillo, funcionaria de Barranquilla Verde, durante el 2025, se presentó en promedio un ICA “bueno” en la ciudad con respecto a las emisiones de PM10. Además: Designan a Tania Peñaranda como agente interventora encargada de Air-e Teniendo en cuenta la gráfica 1 — la cual corresponde a un análisis del comportamiento de esta partícula contaminante en el año—, se evidenció que en una estación de monitoreo se presentaron picos superiores a los 60 microgramos por metro cúbico, siendo la máxima diaria de 75 microgramos por metro cúbico. No obstante, Castillo indicó que estos valores se mantuvieron por debajo de la norma. “Se presentaron algunos puntos como aceptables, asociados a diferentes eventos. Entre estos se encuentran, las épocas de sequía o la ocurrencia de quemas cercanas, factores que pueden afectar temporalmente la calidad del aire. Asimismo, se identifican periodos con concentraciones más bajas, los cuales están asociados a épocas de lluvia, ya que las precipitaciones generan un ‘lavado’ de la atmósfera, reduciendo la concentración de material particulado”, explicó. Pese a estos resultados, sigue siendo necesario incentivar proyectos que continúen mejorando y monitoreando la calidad del aire en Barranquilla y en cualquier rincón del mundo, ya que gozar de una buena atmósfera significa gozar de calidad de vida. Por otra parte, si bien la posición geográfica y la dispersión de vientos favorece la calidad del aire, la capital del Atlántico sigue expuesta a distintos factores que podrían incentivar el deterioro. La principal fuente de contaminación atmosférica proviene de la quema de residuos y los vehículos, siendo estos últimos lo que generan más del 90 % de emisión de material particulado (PM10 y PM2.5). De acuerdo con Nelson Rangel, docente e investigador de la Universidad del Atlántico, el incremento del parque automotor es uno de los factores más determinantes. Los vehículos, especialmente aquellos antiguos o con bajo control de emisiones, son una fuente de contaminantes. Incluso, indicó que la congestión vehicular agrava el problema, ya que los motores operan por más tiempo a bajas velocidades, lo que aumenta la emisión de contaminantes por kilómetro recorrido. A largo plazo, esto deteriora la calidad del aire urbano. A su turno, Beatriz Ferreira, gestora ambiental y de sostenibilidad en la Fundación Inubac, agregó que la presión en la infraestructura de transporte proviene del crecimiento poblacional acelerado en Barranquilla. “Esto incrementa las emisiones de fuentes móviles, especialmente el hollín proveniente del tráfico pesado y el transporte público obsoleto en arterias críticas como la Vía 40”, señaló. Cabe resaltar que la presencia de sitios con acumulación de basura también contribuye al deterioro del aire, puesto que la descomposición de residuos genera gases y partículas; en muchos contextos urbanos se asocia a la quema informal de basura. “Esta práctica es altamente contaminante. Estas emisiones liberan material particulado fino, dioxinas y otros compuestos tóxicos que afectan directamente la salud humana y degradan el entorno urbano”, agregó, por su parte, Rangel. El catedrático aseveró que, en caso de que estos factores persistan, se esperaría un aumento en enfermedades respiratorias y cardiovasculares; una degradación progresiva del aire urbano, e incluso aumentaría la desigualdad, puesto que los impactos suelen concentrarse en sectores de mayor pobreza. El panorama atmosférico en el país se mide a través de los Sistemas de Vigilancia de Calidad del Aire (SVCA), los cuales son operados por las autoridades ambientales como Barranquilla Verde. Con base en los datos de estas entidades, el Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales (Ideam) elabora informes sobre la calidad del aire en los territorios. Para conocer los índices de la calidad del aire (ICA) se estableció un código de colores. Existen seis rangos de valores que permiten determinar cuál es el estado del aire y qué consecuencias puede tener sobre la ciudadanía. (gráfica 2) El color verde, que va del valor 0 al 50, indica que la calidad del aire es buena. El color amarillo, entre 51 y 100, significa que la calidad del aire es moderada. El color naranja, entre 101 y 150, señala que puede ser perjudicial para grupos sensibles de la población. El color rojo, entre 151 y 200, indica que es perjudicial para toda la población. El color morado, entre 201 y 300, significa que es muy perjudicial para la salud. Finalmente, el color marrón, entre 301 y 500, representa una advertencia sanitaria, en la que todas las personas pueden verse seriamente afectadas. En el país, los principales contaminantes del aire incluyen el material particulado PM10 y PM2.5; el dióxido de nitrógeno (NO2), asociado principalmente al tránsito vehicular y actividades industriales, y el dióxido de azufre (SO2), generado por la quema de combustibles con azufre, la refinación de petróleo, la generación térmica, procesos industriales y emisiones volcánicas. También se encuentra el monóxido de carbono (CO), resultado de la combustión incompleta de combustibles como gasolina, diésel y madera, y el ozono troposférico (O3), un contaminante secundario que se forma por reacciones fotoquímicas entre óxidos de nitrógeno y compuestos orgánicos volátiles en presencia de radiación solar. Conforme al estudio que realizó el Ideam, durante el 2024, la calidad del aire en Colombia se mantuvo mayoritariamente en categorías de bajo riesgo para la salud, aunque persisten episodios puntuales de contaminación que afectan principalmente a poblaciones sensibles en algunos territorios. En el caso del material particulado PM10, predominó ampliamente la categoría “buena”, que representó en promedio el 91,7 % de los registros a nivel nacional. La categoría “aceptable” alcanzó el 8,29 %, mientras que los episodios “dañinos para la salud de grupos sensibles” fueron mínimos (0,01 %) y se registraron únicamente en los departamentos de Cesar y Cundinamarca. En contraste, para el PM2.5, contaminante de mayor impacto en la salud, se evidenció un riesgo relativamente mayor. La categoría “buena” representó el 55,7 % de los registros y la “aceptable” el 42,9 %. Aunque las categorías “dañina para la salud de grupos sensibles” (1,31 %) y “dañina para la salud” (0,09 %) tuvieron baja incidencia, se concentraron principalmente en Antioquia, Bogotá, Cundinamarca, Cesar y Norte de Santander, mostrando la persistencia de episodios que pueden afectar a personas vulnerables. En cuanto a los contaminantes gaseosos, los resultados fueron ampliamente favorables. El dióxido de nitrógeno (NO2) presentó el 99,8 % de los registros en categoría “buena”; el dióxido de azufre (SO2) también mostró un predominio de condiciones “buenas” (≈99 %), aunque en 2024 se registraron por primera vez valores muy bajos en la categoría “muy dañina para la salud”, principalmente en Boyacá, que fue el departamento con mayor variabilidad. Y, finalmente, el ozono troposférico (O3) y el monóxido de carbono (CO) mantuvieron comportamientos muy favorables, con más del 99 % de los registros en la categoría “buena” y sin presencia significativa de categorías de riesgo, lo que incluso representa mejoras frente a años anteriores. Es importante resaltar que, en el país, hay expertos que cuestionan estas métricas. Camilo Prieto Valderrama, profesor e investigador en energía y sostenibilidad de la Universidad Javeriana, indicó que Colombia maneja estándares ambientales laxos y desactualizados, más del doble de los recomendados por la Organización Mundial de la Salud, lo que distorsiona la evaluación real de cuándo el aire es seguro. Asimismo, el docente enfatizó que existe una falta de transparencia y acceso a la información, al tiempo que anotó que hay un vacío de conocimiento sobre los impactos en salud, pues las cifras disponibles sobre muertes y costos económicos asociados a la contaminación del aire son antiguas e imprecisas. “Colombia no sabe con precisión cuánto le cuesta al sistema de salud el deterioro de la calidad del aire. La última cuantificación disponible corresponde al periodo entre 2015 y 2018, y presenta un rango muy amplio: entre 12 y 15 billones de pesos, es decir, cerca del 2 % del PIB nacional para ese momento. Ese rango tan grande evidencia una enorme falta de precisión. En Bogotá se estimó que en 2021 hubo alrededor de 3.400 muertes asociadas a la mala calidad del aire. A nivel nacional, para 2018, se calculó un rango entre 8.000 y 17.000 muertes. Ese intervalo tan amplio demuestra que el problema no se está estudiando con el rigor necesario”, cerró.