En el marco del Festival Internacional El Caribe Cuenta, la Fundación Luneta 50 y Ediciones Luna con Parasol presentaron esta semana el libro Las huellas orales del tigre, del antropólogo, doctor en ciencias históricas y especialista en pedagogía de la lengua escrita Libardo Barros Escorcia (Soplaviento-Bolívar-Colombia).
El autor subraya en esta investigación cómo a través de expresiones orales tradicionales de los habitantes de Altos del Rosario, Soplaviento, Río de Oro, Sincé y Campana Nuevo se ha recreado la imagen del tigre como respuesta lúdica a una realidad donde prevalecen la exclusión y diferentes formas de violencia. A continuación, apartes del capítulo “Los bestiarios: relatos sobre animales”.
En torno a las relaciones que las culturas contemporáneas establecen con los animales, resulta interesante palpar la amplia gama que a través de esa relación se conserva en la tradición oral objeto de estudio. Pero, a pesar de que se trata de un tema tan cotidiano, es poco lo que a nivel de investigaciones se ha realizado. A pesar de ello, con el impulso que ha tomado la cuentería, el teatro y otras expresiones orales tradicionales, incorporados al interés por la conservación del medio ambiente, en la última década del siglo XX se realizaron en Colombia trabajos muy interesantes al respecto.
Cabe recordar que las culturas que se mezclaron en América (indígena, africana y europea), cada una con sus diferencias concretas, originalmente tenían una visión particular respecto a los animales. Se podrían citar muchos elementos, pero grosso modo, se puede afirmar que todos estaban vinculados con lo religioso (peces, aves, felinos), lo militar (águilas, leones), lo moral o pecaminoso (la serpiente), lo bueno, lo justo, lo saludable, la enfermedad, entre otros aspectos. Tales nociones forman parte también de una herencia que se remonta a las grandes civilizaciones: incas, mayas, babilonios, chinos, egipcios, celtas, griegos, romanos, germanos, árabes, las cuales fueron heredadas acumulativamente y de manera indirecta por las culturas que forman parte de Latinoamérica y, en particular, del Caribe.
La necesidad de registrar por escrito aquello que revestía alguna importancia para los pueblos que incorporaron la escritura, también incluye la elaboración de textos que recogen todo lo relacionado con el mundo natural. El más antiguo de esos textos es el Fisiólogo (Physiologus), el cual, además de las descripciones sobre animales, plantas y piedras, anexa una valoración, en la que se mezclan las intenciones dirigidas a resaltar la enseñanza moral, con formas literario-fantásticas de convivir con la realidad. Algunos críticos ubican este escrito de autor desconocido en la Alejandría del siglo II, ya que fue el punto por el cual circularon con profusión las tradiciones místicas y heterodoxas que convoca el Fisiólogo. De este texto genérico se derivaron los bestiarios, libros en los cuales se compilan estudios referidos a los animales que ilustran con dibujos las especies y las acompañan con descripciones sobre su forma de vida, alimentación, reproducción, hábitos y otros detalles. El medioevo popularizó estos libros y marcó su impronta en lo referente a su contenido:
El amplísimo conjunto de símbolos dispuesto en los fisiólogos, y posteriormente acogido por los bestiarios, deriva de la alegoría. El alegorismo se levanta como rasgo esencial de la cultura medieval. Sus fuentes están remitidas a una doble vertiente, griega y semítica. En efecto, la alegoría de Homero, correspondiente a la concepción del pensamiento religioso griego de que los dioses se muestran a través de misterios, enigmas y oráculos, se trasladó a las corrientes filosóficas, a la historia y a la consideración de la naturaleza. El hombre sabio alcanzaba la comprensión de los secretos invisibles para los incultos. Al hilo de lo expuesto se asumirá que la palabra poética concentra verdades entre sus formas recónditas y permite vislumbrar la dimensión y armonía de todas las entidades.
A través de los cronistas europeos, portadores de esta conciencia medieval, las tierras americanas son interpretadas como un nuevo sentido. Saturadas de un lenguaje profundamente poético, las descripciones sobre la nueva realidad del Nuevo Mundo son recreadas con abundantes figuras propias del lenguaje maravilloso.
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