Mayo 17, 2012 - Actualizado hace 12 minutos
04 de Febrero de 2012 - 04:49 pm

Por una política regional de largo alcance

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‘En obra negra’, pintura de Mauricio Cogollo.

 Hilvano estas notas al comienzo de un corto viaje de vacaciones en un sitio muy especial en donde solo se escucha la voz del río Manzanares bajando de la Sierra Nevada con sus aguas todavía claras y magníficas. Escribo, pues, a los pies de esta montaña que los pueblos indígenas llaman ‘El corazón del mundo’.

Tan pronto llego, en la tarde del 29 de diciembre, me percato de que este es el lugar del cual me habían hablado hace años: el de un alemán que criaba peces amazónicos a las orillas de un río de montaña. La Reserva Biológica Caoba fue creada en el 2000 por Eberhard Wedler y su esposa Gloria Carmona, luego de 25 años de trabajo en la academia y de investigación científica.

La reserva es un lugar único que funciona al mismo tiempo como jardín botánico, centro de investigación y reproducción de peces y vida silvestre, y un eco-hotel al que visitan turistas extranjeros, investigadores, familias, viajeros solitarios amantes de la naturaleza o personas interesadas en las culturas de la Sierra, ya que en la reserva se hallan antiguos caminos y terrazas tayronas.

El profesor Wedler y su hija Katherine me dan el primer día las indicaciones para pasar la noche en un bohío circular con techo cónico de palma, idéntico a una vivienda kogui, en cuyo centro debe arder siempre una hoguera. Aprendo por qué debe ser así y estoy segura de que todas las personas que han pasado por aquí se han llevado alguna enseñanza sobre las culturas originarias de esta sierra.

Creo que es un buen lugar para reflexionar sobre la cultura, y si me preguntan qué quiero yo para la cultura del Caribe colombiano en el año que comienza diría que en primer lugar esto: la posibilidad de conocer las culturas que tenemos, que es como decir lo que somos. Que haya tantas oportunidades de conocer y valorar las culturas y expresiones de este territorio caribeño, como de conocer y valorar las otras culturas del mundo y sus expresiones.

Ya que me lo preguntan, diría que el Caribe colombiano debería hacer de una vez por todas el esfuerzo de implementar una política cultural regional –cuyo borrador ya existe–. Una política de largo alcance, tanto en el tiempo como en la cobertura geográfica y temática. Para ser útil, esta política tendría que abarcar el conocimiento y divulgación de la cultura universal y de las culturas autóctonas y populares, al igual, obviamente, que la música, la literatura, las artes plásticas, escénicas, visuales, audiovisuales y cinematográficas.

Una política cultural que facilite la creación a los creadores y que acompañe en la gestión a los gestores (no que se las haga más difícil, como sucede actualmente). Y que mejore las capacidades de los entes locales de cultura.

Ya que me lo preguntan, diría que el Caribe colombiano se merece, para ejecutar esa política, un Instituto Caribeño de Cultura; una institución regional eficiente y manejada con criterio profesional que articule esfuerzos y recursos y los traduzca en proyectos y programas que potencien la riqueza cultural de la Región y la conviertan en un factor real de desarrollo; que identifique y proteja el patrimonio inmaterial y material, incluido el audiovisual, y multiplique tres veces en número y cuantía los premios, becas y estímulos a la creación, la investigación y la gestión.

¿Quién y cómo se crearía este instituto? De manera similar a como se creó y funciona el canal regional TeleCaribe, con asiento y aportes de los departamentos, representantes de las instituciones culturales más importantes de la Región y articulado a un Consejo Regional de Cultura.

Ya que me lo preguntan, diría que los próximos gobernadores y alcaldes, además de los parlamentarios, medios de comunicación, empresarios y organizaciones sociales de la Región, deberían apoyar sin asomo de duda el proyecto de creación de la Red de Museos del Caribe, una iniciativa surgida de la Región y que busca construir nuevos museos e integrar los existentes en una cadena de valor a la que se sumarán nuevos y mejores servicios turísticos y culturales, desde San Andrés hasta Córdoba.

Así, pequeñas reservas y atractivos turísticos y culturales como este en que me encuentro podrían integrarse a una ruta regional que fortalezca la identidad cultural de la región –que por cierto, se ‘paisaniza’ cada vez más– y genere empleo, bienestar, calidad de vida y todas esas cosas que nos prometen los planes de desarrollo y los programas de gobierno.

Todo esto que imagino y que comparto –ya que me lo preguntan– creo que equivale a reconocerle la mayoría de edad a la cultura del Caribe colombiano, que hace rato está haciendo de las suyas allá afuera, pero a la que todavía no le dan las llaves de la casa.
Mayoría de edad para que los gobernantes la respeten y se dignen responder las interpelaciones que les hace la sociedad, sus electores, en torno a decisiones u omisiones que se cometen contra el patrimonio cultural de la Región, que en no pocas ocasiones es también el patrimonio cultural de la nación, como sucedió en el 2011 con la casa de Meira Delmar, asunto sobre el cual se pronunciaron 600 personalidades de la cultura local, regional y nacional y que la Administración Distrital de Barranquilla ignoró olímpicamente.

Mayoría de edad para que se entienda de una vez por todas que sin la cultura no somos nada y no iremos a ninguna parte. Lo demás, es decir, los discursos sobre el desarrollo y la competitividad en un mundo globalizado son pura demagogia.

Por Patricia Iriarte, periodista y poeta.

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