El primero de enero se posesiona como Alcalde de Barranquilla, Elsa Noguera De la Espriella, primera mujer que llega a esta dignidad por elección popular. No son muchas las ciudades del país que detentan este hito femenino. En nuestra Región Caribe, primero fue Judith Pinedo, alcaldesa electa de Cartagena, y ahora Elsa Noguera, alcaldesa electa de Barranquilla.
Colombia, como la mayoría de patriarcales sociedades latinoamericanas, ha reservado los espacios de decisión política y social a los hombres. En el año de 1932, después de arduas y femeninas luchas reivindicatorias, la ley reconoció a las mujeres la igualdad en el campo de los derechos civiles. Solo hasta esa fecha, la mujer comenzó a actuar como sujeto de derechos y obligaciones. Antes de 1932, el marido la representaba civilmente porque ella no era considerada capaz, por su condición de mujer se le equiparaba a un menor de edad. En 1945 el Congreso de la República reforma la carta constitucional y, por fin, se le reconoce a la mujer el status ciudadano. Pero solo hasta el año 1954, con un acto reformatorio de la Constitución, se otorgó a la mujer el derecho activo y pasivo del sufragio. La Asamblea Nacional Constituyente le concedió a la mujer el derecho a elegir y ser elegida.
Son escasos cincuenta y siete años el tiempo que las mujeres llevamos participando en el juego democrático, a pesar de que representamos más del 50% del censo electoral del país. Ese poco tiempo de ejercicio nos ha rezagado de las esferas de poder. Dedicamos la mayor parte de nuestra femenina energía al campo familiar. El 31,4% de las jefaturas de hogar en el país son lideradas por una mujer. Y todos sabemos que la familia es la célula de la sociedad. Paulatinamente hemos aumentado la participación en el mercado laboral, a pesar de la existencia de una brecha salarial con el hombre. Paulatinamente también vamos entrando en los espacios de decisión y de poder. A pesar de lo anterior, la tasa de desempleo de las mujeres es superior a la de los hombres.
Este 2012 debe ser un año de gran participación y reivindicación femenina. No solo en la coyuntura política una mujer es la Alcaldesa electa de la ciudad. También el gobernador José Antonio Segebre es un convencido de la necesidad de dar oportunidad a las mujeres para ocupar nuevos espacios. Por eso el primero de enero esperamos ver muchas mujeres en el gabinete. Asumiendo el término “gabinete” en todas sus acepciones castizas: como aposento que sirve de tocador para acicalarnos y como cuerpo de gobierno del Estado. Pero, sobre todo, como lo establece el Diccionario de la Real Academia Española, como “la habitación más reducida que la sala, donde se recibe a las personas de confianza”. Esperamos que nuestros nuevos gobernantes, Alcaldesa y Gobernador, dejen entrar a esa pequeña habitación la mirada femenina sensible a los problemas atávicos de la familia. Ojalá que en esa pequeña salita de confianza los gobernantes escuchen y valoren la voz alternativa de quienes reconocen derechos diferentes. Un cambio en el modelo de decisión más cercana a los problemas del ser humano, como individuo familiar y social, sería un acuerdo en lo fundamental.
Deyana Acosta Madiedo