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Sábado 07 de Julio de 2012 - 3:45pm

¿Qué es la cosa con el coso?

Cuando la estadounidense Gabriella Madden visitó por primera vez Barranquilla en el año 2000, siendo apenas una niña de 11 años, sus amigas la llevaron a conocer el centro. Y quedó sorprendida al ver que, en medio del tránsito vehicular al que estaba acostumbrada, pasaban también vacas, mulas, caballos y gallinas, por no hablar de la multitud de perros callejeros.

Sus amigas a su vez quedaron totalmente desconcertadas ante su sorpresa. Porque para ellas —y para cualquier ciudadano que haya nacido y crecido en Barranquilla—, los carromuleros en las vías, las vacas que pululan por algunas calles como Pedro por su casa y los otros animales presentes (perros, gatos, la ocasional gallina ambulante), son parte normal del panorama.

No es hasta viajar al extranjero que resulta obvio que eso de tener vacas transitando por las calles de una ciudad parece solamente ocurrir en Barranquilla. Y es sorprendente la contradicción de una ciudad que, camino de convertirse en metrópoli, todavía tiene burros y mulas paseando por las vías vehiculares. Escenas propias de pueblos recónditos de Colombia ocurriendo día a día en la urbe.

Aparentemente esto no fue obvio solo para Gabriella, la extranjera, pues el 24 de septiembre de 2009 la Alcaldía promulgó un decreto, el 0915, reglamentando la construcción y el funcionamiento de un lugar adonde llevar a todos los animales vagos, el llamado coso distrital. Esta necesaria iniciativa no comenzó en Barranquilla: es la ejecución de una ley nacional, la 769 de 2002, y ya ha sido llevada a cabo con éxito en otros lugares del país. En Medellín fue construido el centro de bienestar animal La Perla, cuyas instalaciones albergan a más de 600 animales, entre ellos perros y gatos, todos en disposición de ser adoptados. Allí se ofrecen servicios de rescate de animales enfermos y en gestación, y servicios de esterilización gratuita para estratos uno, dos y tres. A los carromuleros les entregaron furgonetas para reemplazar a los animales.

Los admirables esfuerzos de Medellín contrastan con el paisaje que, de acuerdo con el decreto vigente, podría ser pintado en Barranquilla. Una primera inspección del decreto revela párrafos preocupantes como: “Si transcurridos diez (10) días y los animales no fueren reclamados y se hallaren sanos, la Secretaría de Control Urbano y Espacio Público los declarará como sin dueño y dispondrá de ellos”.

En este caso, “dispondrá de ellos” significa dos cosas distintas: o serán dados en adopción a nuevos dueños, o, si lo anterior no es posible, “transcurridos un lapso de diez (10) días, (…) serán sacrificados” . Imagine usted que su mascota canina se vuela la reja, o se escapa y termina deambulando. A su animalito—que sería declarado como “vago”— lo llevarían directamente al coso distrital, donde, “cuando se considere pertinente se rematará en subasta pública, cuyos fondos ingresarán a la Secretaría de Hacienda Distrital” . Es decir, que si usted no va a rescatarlo en el plazo señalado, su animal terminaría subastado o adoptado por alguien más o, peor, muerto.

Pero digamos que usted se entera que su mascota está en el coso distrital y, aliviadísimo por recuperarla, decide ir por ella. Cuando llega allá descubre que la tarifa que usted tiene que pagar para recuperar al animal corresponde a la modesta e insignificante suma de un salario mínimo por cada día de permanencia si es una especie menor (perro, gato, etc.) y dos salarios mínimos si es un animal de especie mayor (vacas, burros, etc.) .

Y dicha tarifa no incluye los costos de “traslado, atención veterinaria, suministros de medicamentos”, etc., que, por supuesto, se suman al costo de la estadía del animal. Es decir, que —de acuerdo con el Decreto 0915—le sale a usted más barato disfrutar de una noche en el Hotel Decamerón de Cartagena en temporada alta, que a su perro pasar una noche en el coso distrital. ¿Será que allí también tienen servicio a la habitación? Y es realmente admirable la fe que tienen los autores de este decreto en la solvencia económica de todos los ciudadanos de Barranquilla.

La actual Administración (específicamente la Secretaría de Control Urbano y Espacio Público, en cabeza de Diana Amaya) ha declarado varias veces que el decreto será modificado para tener en cuenta las demandas de los animalistas (y las de la decencia humana). Claro está que hay otro hecho que exige también la modificación del decreto: la reciente sentencia del Consejo de Estado que declara a los animales como seres vivos (antes eran catalogados como cosas).

Y como seres vivos, los animales, callejeros o no, tienen derecho a un trato digno, a no ser maltratados y a una muerte sin sufrimiento. La decisión del Consejo de Estado pone en evidencia algo que hubiese debido ser obvio por simple humanidad: que el coso distrital, como está planteado en el Decreto 0915, es inaceptable.

ESTERILIZACIÓN COMO RESPUESTA. Y entonces, ¿qué pasa con la sobrepoblación de animales callejeros? La pregunta es válida. El problema de sobrepoblación existe y debe ser solucionado. Y a primera vista el sacrificio—el método que ha sido utilizado comúnmente para controlar la sobrepoblación en otras ciudades—puede parecer un método eficaz y barato. Sin embargo, y como lo ha demostrado la experiencia en otras ciudades (como Bogotá), el sacrificio no detiene la sobrepoblación.

No solo eso, sacrificar a un animal cuesta alrededor de $80.000. ¿Cuánto cuesta esterilizarlo? Entre $30.000 y $ 40.000. En un video que hace parte de la campaña ‘Actores por los animales’ llevada a cabo en Bogotá, se expresa la pregunta perfectamente: “¿Por qué insistir en el sacrificio animal como método de control poblacional, cuando es un método ineficiente, costoso e inhumano?”.

En Barranquilla, la periodista y animalista Eva Durán insiste en que la esterilización masiva es la principal solución para la sobrepoblación de animales callejeros. Diana Alejo, de Fundalejo, (elegida para representar a las fundaciones protectoras de animales, junto con María Janeth Torres, de Funansalud, en la Junta Defensora de Animales del Distrito de Barranquilla), también declara que la esterilización masiva es parte importante de la solución. Sin embargo, Alejo insiste asimismo en que la construcción de un coso distrital adonde llevar a estos animales —sin su sacrificio y en condiciones dignas— es necesaria. De este lugar, según ella, los animales serían rescatados y adoptados por nuevas familias.

CONTROVERSIA POR LOS PLANOS. Se sabe perfectamente que no es realista ni viable construir un albergue que ofrezca todas las comodidades dignas del perro de Paris Hilton. El problema de los animales callejeros, tristemente, no es el único, ni—hay que decirlo— es el más importante que tiene la ciudad. Sin embargo, sí es esencial que el coso distrital sea un lugar donde los animales puedan ir a vivir con dignidad, así sea momentáneamente, y no un lugar donde esconderlos de la vista mientras mueren.

Eva Durán se declara abierta y ferozmente en contra de la construcción del coso distrital, pues se muestra escéptica con relación a que las urgentes modificaciones que exige el decreto sean llevadas a cabo por la Alcaldía Distrital. En un artículo publicado en su blog de EL HERALDO.CO, Eva declara que los planos del actual lugar revelan que “los animales vivirán incómodamente en cubículos pequeños y calurosos, en los que estarán amontonados, como sardinas en lata”. Y agrega que no solo eso, sino que “no contarán con espacios de recreación, ni zona de hospitalización, ni de cuarentena de especie por especie”. Estas especificaciones no son opcionales, sostiene la periodista, sino necesidades que se deben cumplir, porque si son ignoradas tendrían mortales consecuencias para la salud de los animales.

“Los planos actuales no reflejan nada de esto”, concluye Durán.
Diana Alejo, por su parte, declara que le da su voto de confianza a la actual Administración y que está segura de la inminente modificación del decreto. Afirma que en el curso de esta semana estará listo el borrador del nuevo decreto, que a su vez será examinado por la Junta Defensora de Animales del Distrito. También afirma que quiere asegurarse de que el coso distrital cumpla con todos los requerimientos necesarios para el bienestar de los animales, y es por ello que ha invitado al director del capítulo Atlántico de gremio nacional de veterinarios, Carlos López, para que colabore como asesor de planos y diseño para el funcionamiento del coso. Insiste en el derecho de los animales a una vida digna: “El coso debe ser dotado adecuadamente para que entre en funcionamiento”, asegura.

Sin embargo, Silvana Socarrás, de la Secretaría de Control Urbano y Espacio Público, y quien también es parte de la Junta Defensora de Animales del Distrito, declara que lo que se encuentra en revisión es el decreto como tal, no los planos. Estos solo serán reconsiderados si son calificados inadecuados por la Junta. “Los planos están bien diseñados”, insiste la señora Socarrás.

¿Y QUE PASARÁ CON LOS CARROMULEROS? Los carromuleros también representan un problema complejo. Por un lado, este es el único modo de subsistir de muchas personas; por otro, los carros de mula implican un abuso contra los animales. Seguramente todos hemos visto a alguna pobre mula siendo brutalmente azotada en medio del tráfico, sin hablar del riesgo de un accidente de tránsito que estos animales —poco dados a obedecer las luces del semáforo— conllevan, o de la contaminación que provocan sus heces. Nuevamente tenemos el ejemplo de la ciudad de Medellín: allí fueron entregados vehículos motorizados (furgonetas) a todos los carromuleros. No solo eso, sino que también se les capacitó a través del Sena y se les subsidió con un capital semilla. Los caballos fueron entregados a familias que los adoptaron en calidad de mascotas.

Esto no se hizo simplemente por buena voluntad. La ley declara no solo que deben ser retirados los vehículos de tracción animal, sino también (parágrafo dos del artículo 98 de la ley 769 de 2002) que las alcaldías municipales y distritales “en asocio con el Sena tendrán que promover actividades alternativas y sustitutivas para los conductores de los vehículos de tracción animal”.

Es decir, que esto de ofrecerles a los carromuleros un medio de subsistir no está en la categoría de “lo hacemos si es conveniente”, sino que es una obligación no solo moral sino también impuesta por la ley. Ante la pregunta de qué pasará con los carromuleros a quienes se les decomisen sus animales, la secretaria de Control Urbano y Espacio Público señaló que “los programas sociales inherentes a los carromuleros, que llevará a cabo la Alcaldía, siempre velarán por el bienestar del animal y por las alternativas de sustitución de la actividad económica de sus dueños”.

Sin embargo, un carromulero –que contó que están agremiados en una asociación, pero que no todos pertenecen a la misma, y que algunos de ellos se vienen reuniendo algunos domingos en el parque Almendra para organizarse mejor– ha declarado: “Hace rato nos han hablado de que nos van a dar recursos, que nos van a cambiar las mulas por una moto, pero nadie nos ha avisado para cuándo, no tenemos asesoramiento”.

La alcaldesa de Barranquilla, Elsa Noguera, consultada sobre el tema el pasado lunes 2 de julio, dijo que la modificación del decreto está en revisión y que serán respetuosos del reciente fallo del Consejo de Estado. “Lo que queremos es darle una solución a la invasión del espacio público que hoy se presenta en la ciudad por parte de los animales –aseguró–, pero también vamos a respetar sus derechos. Y para ello vamos a trabajar con todas las fundaciones protectoras de los animales, para hacerlo de la mejor forma y poder resolver la situación que viven los animales que deambulan en la ciudad”.

La mandataria confirmó que ya se tiene el predio donde se construirá el coso distrital, y agregó que falta por definir quién se encargará de la operación: “Tenemos la posibilidad de contratar a terceros para la administración del coso, el cual es definitivo para poder avanzar en todas las obras de transformación urbana que nos pide la ciudad”.

Todo este asunto del coso distrital nos trae a la memoria aquella canción de Shakira, escrita hace ya 16 años, cuya letra dice que “lo que no se quiere, se mata”. Sinceramente, esto del coso distrital es una gran oportunidad para Barranquilla. Una oportunidad para la ciudadanía, para todo aquel que tenga una mascota, y especialmente para la gente joven. Una oportunidad para demostrar que en nuestra ciudad existe el control social y que de verdad se está trabajando con unión por el desarrollo sostenible, que Barranquilla sí está progresando.

Una oportunidad para demostrarle a Shakira, al mundo, pero especialmente a nosotros mismos, que en la Barranquilla de hoy día ya no es verdad que “lo que no se quiere, se mata”. Tal vez hace 16 años lo fue. Pero no hoy día.

Por Alumnos del ciclo vacacional de la escuela de redacción Olga Emiliani, de EL HERALDO, con la tutoría del escritor Joaquín Mattos Omar

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