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Editoriales

El nuevo ataque a la democracia

Después de haber sobrevivido a la injerencia de otros sistemas y las manipulaciones de la guerra fría, el régimen político que se ampara en la voluntad popular ha quedado expuesto a la era virtual.

Las revelaciones que hicieron los organismos de inteligencia de EEUU sobre los ataques que habría liderado el gobierno de Rusia contra las elecciones norteamericanas han tendido un manto de dudas sobre la democracia.

Conocido como el sistema de gobierno más robusto y plausible, el régimen que Abraham Lincoln definió como “el gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo”, aparentemente queda en jaque ante los espionajes cibernéticos.

El informe suscrito conjuntamente por el FBI, la CIA y la Agencia de Seguridad Nacional reveló que los sistemas de inteligencia rusos interceptaron las cuentas de correo de miembros influyentes del Partido Demócrata y, por ahí derecho, de la candidata Hillary Clinton. La conclusión que surge del informe es que había un interés fundado del gobierno ruso por desprestigiar a la exsecretaria del Departamento de Estado y favorecer a Donald Trump. 

Otra prueba para la democracia está en las redes sociales. Las conversaciones, que dejan en evidencia supuestos actos de Clinton contra la ética pública, fueron propagadas por Wikileaks la víspera de las votaciones. De inmediato se generó una reacción en cadena que, según los observadores, habría afectado los guarismos.

Clinton, como se sabe, superó a Trump por más de un millón de votos pero estos no fueron suficientes para obtener el número de miembros del Colegio Electoral. Resulta difícil saber hasta qué punto la interferencia rusa denunciada por las agencias de EEUU resultó decisiva para la victoria de Trump. Pero este dato no reduce la gravedad de lo ocurrido, ya que, de ser cierta dicha injerencia, puede ser el anuncio de una época turbulenta en que las naciones ya no reconocerán límites a la hora de intentar desestabilizar a otros países.

La democracia ya había sobrevivido al totalitarismo, las autocracias y el fascismo. 

En las épocas de la guerra fría, que enfrentaron al capitalismo y al comunismo, las estrategias de espionaje y contraespionaje de los servicios secretos se encargaron de atacarla a partir de la desinformación y la manipulación, pero ello también lo superó.

Con una mayor posibilidad pública para las ideas y su escrutinio, las autopistas de información deberían haberla sobrepuesto definitivamente a aquellas amenazas, y consolidarla como opción legítima, si aceptamos, como lo hace la extensa literatura, que este es el mejor sistema político que existe.

Pero evidentemente no ha sido así. Hoy la democracia parece más expuesta que en todos los tiempos. 

Si bien tampoco hay democracia perfecta, pues, como sostenía el filósofo Jean-Jacques Rousseau, esta “solo es posible en una sociedad de ángeles”, el desafío es para los gobiernos y los Estados, que deben blindarla a fin de garantizar la primacía de los discursos, los contenidos, el debate y las reflexiones, y evitar las consejas que crean confusión y caos deliberados. 

Imagen de estefaniafajardo