Rara avis” exclamó –hace 19 siglos– el poeta Juvenal en latín, y agregó satírico: “¡cual cisne negro!”. Y todavía usamos el dicho para significar lo casi imposible: un político sincero es una rara avis, decimos, por ejemplo y sin ofender.
Y como en Europa todos los cisnes son blancos, durante mil quinientos años nadie dudó de la certeza de la expresión… hasta que en el Siglo XVII se descubrió Australia, donde los cisnes son negros. De aquí surgió la ‘teoría del cisne negro’, popularizada recientemente por el matemático y financista libanés Nassim Taleb, quien definió tres condiciones para que un evento pueda considerarse un ‘cisne negro’: debe ser sorpresivo, causar gran impacto, y debería haberse podido prever. Muchos grandes sucesos clasifican: la Internet y la penicilina, el descubrimiento de América y la caída del muro de Berlín. ¿Quién se los hubiera imaginado antes, y qué seríamos hoy sin ellos?
¿Cuántos ‘cisnes negros’ nos esperan en el 2011?, ¿y después?, ¿es posible intuirlos, predecirlos?... son interrogantes que cada vez se toman más en serio. A su exploración se dedican esfuerzos sistemáticos que pretenden vislumbrarlos, como lo hace, por ejemplo, el proyecto ‘iKnow’ de la Unión Europea (
http://wiwe.iknowfutures.eu). En su banco de datos ya hay más de 400 sucesos poco probables pero de extraordinario efecto y connotaciones. Estos son algunos:
Las denominadas ‘micro-expresiones faciales’ (incluyendo pulso y presión arterial, entre otros parámetros) que pueden ser detectadas a distancia por sensores e interpretadas por computadores, ya permiten identificar posibles terroristas en los aeropuertos. Por otra parte hay avances asombrosos en la detección y utilización de ondas cerebrales para, por ejemplo, activar electrodomésticos o influenciar los hábitos del consumidor... ¿Qué pasaría si nuestros pensamientos son leídos e interpretados por un detector, inclusive antes de que seamos conscientes de que los estamos pensando?
Las propuestas de la denominada ‘geo-ingeniería’ para controlar técnicamente el calentamiento global (o crear condiciones de vida en otros planetas) son cada vez más viables. Una flotilla de barcos que produzcan nubes a partir de vapor de agua de mar, financiada por filántropos y ONG, podrían eludir las cumbres climáticas y su lentísima burocracia, e intentar solucionar el mayor de los actuales problemas ambientales de la Tierra… ¿Permitirán los gobiernos de los países que se afecten sus climas? ¿Cómo reaccionarán los mecanismos económicos globales, los mercados del carbón y del gas carbónico, por ejemplo?
Y hay muchas más fantasías (¿lo son?)… La confirmación de la existencia de mundos paralelos al nuestro y el aislamiento de la antimateria, que alterarían por completo nuestras concepciones actuales del universo. Los traductores políglotas, que implantados en el pabellón de la oreja facilitarían las comunicaciones interculturales. Los derechos ciudadanos para los primates y los delfines, que les garantizarían acceso a servicios de educación y salud. El ‘trans-humanismo’, que le permitiría al hombre mejorar y programar todos sus atributos físicos, emocionales e intelectuales con ingeniería genética, medicamentos e interfaces con computadores. Y un largo y apasionante etcétera.
Esto, que parece ciencia ficción, no lo es. Es uno de los llamados proyectos ‘de cielo azul y exploración de horizonte’, con los cuales la creatividad y la inteligencia del ser humano se pone a prueba. A prueba de futuro.
jhahn@uninorte.edu.co
Por Joachim Hahn