Es un hecho evidente que en el 2011 han aumentado considerablemente las protestas sociales en el país.
Ello se evidencia al comparar las 1.142 marchas ocurridas durante los primeros nueve meses del 2010 con las 1.573 en lo que va corrido del presente año. Si bien para muchos esto puede resultar sorprendente si nos atenemos a las encuestas de favorabilidad del actual gobierno, lo cierto es que la ‘luna de miel’ entre Juan Manuel Santos y muy amplios sectores sociales ya comenzó a resquebrajarse por muy diversos frentes.
Así, por ejemplo, las protestas que suscitó el proyecto de reforma a la educación y la posibilidad de estimular las universidades con ánimo de lucro, o las protestas contra la ‘privatización de la educación pública’ se incluyen en estas cifras.
También las revueltas por el maltrato a los obreros mineros, las manifestaciones de los grupos indígenas o los afros ante la invasión o el despojo de sus tierras por diversos grupos armados, sobre todo a partir de la aprobación de la Ley de Tierras.
Como lo afirma Luciano Sanín, director de la Escuela Nacional Sindical, hoy “se presenta un desfase entre las expectativas creadas por el anuncio de cambios laborales y sociales del gobierno de Santos y la capacidad para desarrollar estas reformas y atender con prontitud las demandas de los trabajadores y de la población” (Semana, octubre 19, 2011). Yo añadiría que la lentitud de las respuestas efectivas ante las inundaciones ha generado frustración y protestas.
Si observamos el pobre resultado de la encuesta reciente del ranking mundial del Instituto de la Reputación, que mide percepciones sobre imagen de economías avanzadas, medio ambiente atractivo y gobierno efectivo, en la cual Colombia quedó de 46 de un grupo de 50 países, deberíamos reflexionar sobre ¿qué tan bien estamos hoy en el país en diversos indicadores sociales? Según María Teresa Ronderos, un gobierno efectivo “es uno que crea un ambiente favorable a los negocios, pero también uno que pone en marcha políticas sociales y económicas progresistas y, por lo que vemos, herramientas potentes para crear igualdad, como una reforma tributaria de fondo, no son la prioridad” (El Espectador, septiembre 29/2011).
Tenemos tal vez un gobierno muy mediático, que parece no terminar de despegar pese al aumento de la inversión extranjera en un 90%, y con unos ‘funcionarios genios’ a los que solo se les ocurre gravar más a los que ya pagan bastantes impuestos (concursar para ‘ganarse los cupos’ de los carros particulares adquiridos o pagar más para transitar por las mismas viejas carreteras).
Preocupa que para ciertos sectores del gobierno todo esto es obra de las ‘guerrillas infiltradas’ en el movimiento obrero o campesino, volviendo a la vieja postura de estigmatizar toda oposición en el país en vez de buscar en el descontento social la raíz de estos hechos.
Si en Europa, los Estados Unidos y Suramérica están creciendo las protestas contra la desigualdad y la crisis mundial, ¿por qué nos sorprende entonces que aumenten las protestas en Colombia? ¿Qué tenemos de espacial para que esto no suceda?
Por Roberto González Arana
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