Tal vez Esthercita Forero deseó que anoche brillaran más faroles de colores a lo largo del recorrido de La Guacherna. Debió conformarse, en cambio, con el derroche de la contagiante alegría de actores y espectadores de este multicolor desfile que ella visionó cuando tuvo la feliz idea de incorporar a la locura colectiva del Carnaval de Barranquilla un desfile peculiar en el cual todos, sin excepción, van arrollando al ritmo de los aires tropicales.
“Fue, sencillamente, una Guacherna como la soñé siempre”, dijo la aclamada cantautora barranquillera, que presidió el desfile en un campero descapotado adornado carnavaléricamente.
El público apostado a lado y lado de la carrera 44 desde la calle 70 hasta la 53 disfrutó de una noche maravillosa, en donde todo fue goce de verdad. Hubo baches entre comparsa y comparsa. No acudieron los faroles en la abundancia de otras noches de Guacherna. Uno que otro trailer desfiló completamente a oscuras. Pero eso no opacó la brillantez del espectáculo. Porque, como lo ha dicho la Reina del Carnaval Marcela Dávila, “aquí el color, la alegría y el brillo lo pone el pueblo que acude a disfrutar de nuestras fiestas”.
Para destacar de manera especial, el ejemplar comportamiento de quienes fueron a presenciar el desfile. A pesar de la abundante presencia de la fastidiosa espuma, se respetó a los danzantes, a los músicos y a quienes en general hicieron parte activa del desfile. Ejemplar el aporte de los medios de comunicación que organizaron sus comparsas y desfilaron con despampanante alegría. Como La Chiva Periodística, Caracol con su comparsa ‘La Jocosidad’ y la reina y el rey Momo de EL HERALDO (Brenda Romero y Jairo Buitrago). Todos acompañados de una numerosa comparsa que demostró los efectos de largas noches de entrenamiento “a palo seco”.
A juzgar por el reporte oficial de la Policía, el comportamiento del público merece la mayor nota. Una calificación que reconforta. Sobre todo en medio de los rumores (por pasquines y por Twitter) de sabotaje por parte de algunos mototaxistas inconformes, que, por fortuna, fueron oportunamente neutralizados y persuadidos por los propios directivos de sus agremiaciones. De todas maneras en cierto sector del público había la psicosis y, cada vez que se asomaba por alguna bocacalle una moto, cundía algo de pánico.
El alquiler de sillas, caro
Uno de los pocos lunares fue algunos desmanes a varias cuadras del sitio de partida del desfile (en la parte de atrás del estadio Romelio Martínez). El otro lunar es el abuso de algunos mercaderes de las sillas a lo largo del recorrido. La tarifa máxima autorizada era de $ 10 mil. Pero hubo oportunistas que llegaron a pedir veinte y $25 mil. Claro, también hubo quienes tuvieron que rebajar el alquiler a cinco mil pesos, porque la gente prefirió ver el desfile de pie. De todas maneras el derecho al pretil se impone, aunque sea, en algunos casos, a físico empellón.
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